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Economía Ecuatoriana

Economía e historia

Juan J. Paz y Miño Cepeda

juan.mino@telegrafo.com.ec

El pasado 12 de noviembre, participé junto con Alberto Acosta, Vicente Albornoz, Guillermo Arosemena, Fernando Martín, Marco Naranjo e Irving Zapater, en una mesa redonda organizada por FLACSO en el marco de su programa sobre el Bicentenario.

Destaqué la importancia de que ciertos economistas se dediquen a la historia, pues de lo contrario sus análisis, como se ve en el caso de los economistas liberales y neoliberales, se concentran en los índices y estadísticas macro o micro del presente, quitándoles sus raíces y fundamentos en el tiempo y en la sociedad.

Afirmé que cabría inquietarse por tres temas: por qué seguimos “subdesarrollados”, por qué los principios del “mercado libre” y de la “libertad empresarial”, que se suponen son los que provocaron el progreso de los más grandes países del mundo, demuestran solo fracasos en el Ecuador, como ocurrió en las pasadas décadas de los ochenta y noventa; y, por qué es que existe una absoluta minoría nacional que concentra la riqueza en medio de una amplia población pobre, al punto de desatacar a magnates y millonarios nunca antes vistos en el país. Las respuestas son múltiples y complejas. Pero tratando de establecer algunas líneas explicativas, lo primero que la historia ecuatoriana demuestra es que todavía se mantiene una marcada diferenciación en la estructura social. Por ello, las medidas económica o de acción gubernamental afectan a los distintos segmentos sociales de manera distinta. Ante esa realidad, creer que existe instrumental económico meramente “técnico” e “inocuo” es falso. La economía también es un campo donde se confronta la estructura del poder en el Ecuador. Los liberales y neoliberales solo ven al alto empresariado y a su mercado “libre”, porque no logran comprender la convivencia de la multiplicidad económica en el país.

“Los economistas neoliberales se
concentran en los índices y
estadísticas del presente…”

La historia republicana del Ecuador demuestra a cada paso que el proteccionismo, el desarrollismo, el creciente papel del Estado en la economía, las regulaciones sobre impuestos, las leyes laborales, etc., han sido resistidos particularmente por las poderosas oligarquías ecuatorianas, hasta el presente.

Nuestra historia también demuestra que las épocas de absoluta “libertad de empresa” y “mercado libre” siempre se levantaron sobre la base de reforzar la explotación sobre otras capas sociales subordinadas. Solo cuando hubo explícitas políticas sociales fue posible mejorar las condiciones de vida y trabajo en el país, pues las elites capitalistas y terratenientes nunca fueron capaces de crear, por sí solas, esas condiciones, que normalmente fueron propiciadas por gobiernos que utilizaron al Estado como instrumento para el desarrollo y el mejoramiento sociales.

Europa o Canadá y aún los EE.UU., demuestran precisamente que fue la fuerte intervención del Estado y las amplias políticas sociales en diversas épocas, las que promovieron su avance.

Entre las atrasadas elites del poder económico ecuatoriano esos principios suenan a “centralismo”, “estatismo” y hasta “comunismo”. Ha sido su falta de conciencia y de responsabilidad social y estatal la que afectó nuestro progreso.

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