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Economía de América Latina, Gabriela Calderón, SUCRE

El S.U.C.R.E.

El Sistema Único de Compensación Regional (S.U.C.R.E.) es la propuesta de los socialistas del siglo XXI para restar la dependencia del dólar.

Según el Presidente, el Sucre funcionaría así: si un importador ecuatoriano compra lubricantes de un exportador venezolano, el exportador recibe el pago del Banco Central de Venezuela en bolívares fuertes. Y si un exportador ecuatoriano de sardinas vende a Venezuela, este exportador recibe el pago “en su moneda nacional”, no en dólares. Al Presidente le faltó explicar que los importadores realizarían sus pagos también en su moneda local, y el banco central de cada país miembro del Sucre registraría acreencias a favor y en contra de cada uno de los otros bancos centrales de los países miembros en sucres. Hasta aquí podemos ver que el Presidente expresa abiertamente el deseo de que Ecuador regrese a una moneda nacional.

Luego de un determinado periodo se compensarían los saldos en sucres, cuyo valor depende de las monedas nacionales de otros países. Por lo tanto, el Sucre sería muy similar a la unidad utilizada entre países miembros del FMI conocida como Derechos Especiales de Giro (DEG). El economista Swaminathan S. Aiyar, del Times of India, explica que el DEG –y, agregaría yo, el Sucre– es una canasta de monedas y no una moneda independiente.

Cuando llegue el momento de que los respectivos bancos se compensen entre ellos los saldos a favor y en contra, van a tener que utilizar las monedas que están dentro de la canasta. Mientras que el deg está compuesto por monedas “duras” es muy probable que el Sucre esté compuesto por monedas que gozan de poca credibilidad y aceptación a nivel mundial. Así que si Venezuela le tiene que compensar a Ecuador $1.000 millones, Ecuador recibirá el equivalente en una mezcla de bolívares fuertes, bolivianos, guaraníes y córdobas que inmediatamente tendrá que intercambiar en el mercado por monedas que sí sean aceptadas en otros países: dólar, euro, libra o yen.

Aiyar explica que como el DEG carece de completa convertibilidad, este es simplemente una línea de crédito y un potencial reclamo sobre las monedas nacionales de otros países. Lo mismo sucedería con el Sucre ya que, según lo que han propuesto Chávez y Cía., solo servirá como un sistema de compensación entre los bancos centrales, quienes al final del día tendrán que recurrir a las monedas de otros países.

Lo que no han dicho los innovadores del siglo XXI es que en los setenta y ochenta Ecuador tuvo convenios de pago con casi todos los países de Latinoamérica e incluso con casi todos los países ex comunistas. Esos convenios no redujeron la dependencia del dólar y desaparecieron poco a poco conforme los ecuatorianos encontraron otras fuentes más favorables de financiamiento.

Volver a los setenta significa devolverle al Banco Central del Ecuador el control sobre el comercio exterior. Cada exportador e importador tendrá que acudir al Central para poder importar y exportar. Con ese poder y bajo el ala del Ejecutivo, el BCE favorecerá a sus amigos y castigará a sus enemigos. Unos tendrán un tipo de cambio favorable para realizar sus importaciones y/o cobrar por sus exportaciones, mientras que otros no.

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