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Walter Spurrier Baquerizo

Balance de dolarización

Walter Spurrier

El presidente Correa critica la dolarización. Ciertamente, tiene desventajas.
Pero también ventajas. El tema está en la palestra; cabe hacer una evaluación.

A nivel micro, la dolarización es ampliamente positiva. Pregúntenle a cualquier asalariado si prefiere ganar en dólares o volver al sucre. La dolarización es más popular que Rafael Correa.

El motivo, en jerga economicista, es que “se reducen los costos de transacción”.

Estamos en el área del dólar, con o sin dolarización. El precio internacional de los productos básicos que importamos, como hierro o trigo, es en dólares. Igual los bienes de consumo duradero que compramos, incluso automóviles japoneses y ropa china.

El ciudadano puede ahorrar para diferir su consumo, o endeudarse hoy para comprar carro o casa y pagar después, sin temor a que su dinero se pulverice (en el primer caso), o que su deuda se vuelva imposible de pagar (en el segundo) por efectos de una devaluación.

Igual para las empresas. El comerciante se beneficia porque su compra del exterior y la venta local son en la misma moneda, eliminando el riesgo devaluatorio.

La industria que produce para el mercado local, se podría creer, preferiría que se pudiese devaluar para compensar una pérdida de competitividad. Pero no; la experiencia es que los beneficios de una devaluación se desvanecen muy rápidamente vía inflación.

Los industriales prefieren la dolarización, porque importan a crédito mucha materia prima e insumos y venderían a plazos en moneda nacional. El riesgo devaluatorio es muy costoso.

A nivel macroeconómico, el balance de la dolarización no es tan abiertamente positivo.

Se argumentó cuando se dolarizó que el gobierno tendría que ponerse la camisa de fuerza, porque no puede recurrir a crédito del Banco Central para gastar desmedidamente.

Error. La dolarización es una camisa de fuerza de una sola manga.
En un país donde los gobiernos abusan de la política monetaria, también abusa de las políticas fiscal y laboral. Contra eso, la dolarización no defiende. Este gobierno ha subido muy fuertemente el gasto público y al inicio de la crisis dicta un alza de salario mínimo de 9%, a la vez que ha tornado más rígido al régimen laboral. Esto agrava la crisis.

También se dijo que bajarían las tasas de interés. Baja, sin duda, al no haber riesgo cambiario. Pero sube por el riesgo país: el peligro de desestabilización por la política fiscal y laboral.

La dolarización no blinda la economía.

El argumento del gobierno, que sin dolarización podría manejar mejor la situación porque tendría política monetaria, tampoco es tan cierto.

Cuando la ciudadanía desconfía del manejo económico, ahorra en moneda extranjera. Eso es imposible de evitar, por más que se penalice la tenencia de dólares. Si gran parte del medio circulante es en dólares, la política monetaria solo puede actuar sobre una parte del medio circulante.

Eso fue lo que experimentó Mahuad. Ante la imposibilidad de estabilizar el sucre, dolarizó. Quizá fue cortarse un brazo. Pero estaba gangrenado.

Lo hecho, hecho está. Mejor haría el gobierno, en lugar de lamentarse, aceptar la dolarización, aprovechar sus virtualidades y tomar precauciones ante las debilidades que crea.

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