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Mauricio Pozo

Tamaño y apertura

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec  

Si se hace un análisis de los últimos nueve años desde que la dolarización de la economía ecuatoriana se oficializó, se podría dividir al período en dos etapas más o menos definidas: una primera que se inicia con el año 2000 y llega a 2004, año en el que el país creció al 8%, demostrando con ello un ritmo de actividad económica que no se había podido conseguir en las últimas tres décadas; y, a partir de 2005, cuando los crecimientos se tornan cada vez menores. En el primer período, hay varias razones que explican este resultado: el país disfrutó de una coyuntura favorable, pues las exportaciones petroleras y no petroleras se activaron de forma importante, las remesas enviadas por emigrantes ecuatorianos se volvieron crecientes y abundantes y la liquidez internacional permitió un abundante de ingreso de capitales, financiando con ello actividades públicas y privadas. Sin embargo, el proyecto de construcción del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) y la demanda de fondos que esto significó, tanto en la construcción como en la atracción de inversión extranjera, viabilizaron cerca de $3 000 millones, cifra que abrió una ruta de estímulo a la actividad económica. Esa cifra, que puede aparecer como un monto importante para el ámbito interno, para el contexto internacional no reviste tanta significación. El Ecuador representa el 0,6% del PIB de América Latina, son tres países -la Argentina, el Brasil y México- los que aglutinan 75% del PIB de la región. Esto significa que el tamaño de la economía ecuatoriana en el contexto externo es muy poco representativo, pero a la vez es altamente atractivo para que relativamente pocos recursos le permitan alcanzar tasas de crecimiento económico sostenidos. No son lo mismo los países grandes que el Ecuador, nación que, con relativamente pocos recursos internacionales, puede verse estimulada a crecimientos importantes. Fue en el pasado el OCP, pero proyectos petroleros, mineros, de hidroelectricidad o de refinación de petróleo pueden brindarnos el combustible necesario para crecimientos económicos importantes por varios años. Requerimos crear condiciones necesarias para atraer esa inversión extranjera que necesitamos sin tanto resquemor de una caduca idea de soberanía e independencia.

El Ecuador es la tercera economía más abierta de América Latina, es decir, más dependiente de sus relaciones internacionales. Es nuestro principal cliente. El dólar en el Ecuador esta vigente y activo desde 1949. Hoy, dolarizados, es mucho más nuestra interacción internacional. Dicho esto, a pretexto de una atufada y ciega ideología o haciendo caso de extremos ambientalistas, no es posible demorar más el crecimiento y el progreso. Caso contrario, vamos a tener agua limpia, cielos despejados, colibríes volando pero nadie va a poder beber el agua, ver el cielo y disfrutar de los pájaros. Hay como equilibrar lo ambiental con lo económico.

Los extremos son siempre malos. Abramos los brazos al inversionista privado, pongamos reglas claras, eso no nos denigra, pero no posterguemos más el desarrollo económico.

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