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Wladimir Sierra F

¿Un nuevo orden global?

WLADIMIR SIERRA F 

 

 

 
La semana pasada advertimos que poco podíamos esperar de la reunión de G-20 en Londres. Muy poco porque a pesar de su diversidad y de la presencia de los países emergentes, las decisiones las siguen tomando el G-8 condicionados fuertemente por la posición estadounidense.

Muchos analistas económicos quedaron satisfechos porque esta vez la propuesta anglosajona (Estados Unidos-Inglaterra) tuvo que incluir las exigencias de la Unión Europea (Alemania-Francia) y no cerrar los oídos a las sugerencias del grupo de los emergentes (China-Brasil). Si fue saludable que se tematice el pedido del grupo de los emergentes en relación a la importancia de sustituir al dólar por otra unidad de intercambio soportada por un grupo de monedas (el euro, el yen, el wang, la libra y el dólar). Y si, por otro lado, fue necesario que se incluya la apuesta de la Unión Europa por una nueva arquitectura de la esfera financiera que organice, controle y garantice el fin del casino especulativo y de los paraísos fiscales, no se pudo evitar que la receta neo-keynesiana del presidente Obama (aumento de la inyección de capitales para promover el consumo y la salubridad de las empresas) haya sido el resultado más esperado (aunque no deseado) de la famosa cumbre.

En esas condiciones, ¿se puede hablar de la emergencia de un nuevo orden global? Por supuesto que no. Seguimos creyendo que los resultados de la cumbre intentan lo siguiente: Desde la perspectiva estadounidense, poner otra vez en terapia intensiva al sistema financiero con la intención de devolverle poco a poco su fortaleza. Desde la perspectiva europea, racionalizar y ordenar a ese mismo sistema financiero con la esperanza de “evitar que se repitan cada cierto tiempo ese tipo de crisis”. Y desde la perspectiva emergente, transformar en realidad económica aquello que desde hace algún tiempo es un lugar común en la academia: el capitalismo contemporáneo es multipolar.

Es obvio que los procesos de la historia son dialécticos. La crisis económica (que todavía está en su primera fase) nos arrojará, más allá de las voluntades políticas, a otro orden de cosas. A pesar de que la cumbre de Londres se movió dentro de los límites de la racionalidad capitalista, cada vez más se vuelve visible que el G-20 sigue quedando estrecho para la toma de decisiones globales. Muestra de ello fue la cumbre árabe-latinoamericana, así como el impulso crítico de los partidos de izquierda y los movimientos anti-globalización capitalista.
Hay una creciente convicción en los ciudadanos del mundo de que el origen de las crisis económicas tiene un motivo de fondo, un motivo que coincide con la esencia del mismo sistema.

Los deseos emancipatorios de la modernidad capitalista codificaron, desde su auto-comprensión crítica, la patología del sistema y su superación. La patología es el capital expandiéndose sobre sí mismo y su superación la utilización de la economía en beneficio de la consolidación de lo humano. A ese momento de irrupción de lo diferente se lo denominó SOCIALISMO.

Ese es el nuevo orden global, me parece, que se tiene que empezar a recuperar y afirmar en todo el planeta.

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