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Economía Mundial

¿Fin del capitalismo?

Wladimir Sierra F

wsierra@telegrafo.com.ec

La llamada de atención de Max Weber en cuanto a que las Ciencias Sociales son saberes retrospectivos, esto es, que su función principal está enfocada a la reconstrucción del pasado y no a la predicción del futuro, tuvo el sentido de criticar al auge que, en las universidades alemanas de principios del siglo XX, tenía la teoría de la revolución marxista.

Visto en esa perspectiva histórica, sus famosas conferencias “La ciencia como profesión” y “La política como profesión”, son valiosas e intrépidas tomas de posición política en defensa del proyecto burgués amenazado; claro, formuladas bajo una pretendida objetividad científico-discursiva.

Esa tesis, que en aquella época no caló en la subjetividad intelectual alemana, por la efervescencia revolucionaria que vivía Europa, resurgió y se instauró -a nivel mundial- en los años posteriores a la caída del muro de Berlín, por la debacle del utopismo convertido en historicidad. Hubo un largo periodo en el que no solo, pero sobre todo, en la academia era de mal gusto pensar teóricamente las posibilidades sociales del futuro.

Los desórdenes económicos alrededor del planeta no parecen encontrar fin como tampoco explicaciones acertadas entre los economistas de profesión.

“Es probable que ésta no sea, como muchos añoramos, la última gran crisis del capitalismo…”

Primero fue el estallido de la esfera especulativa del capital financiero internacional, después la quiebra de importantes sectores industriales y ahora el desmoronamiento de la esfera del trabajo asalariado. Nos espera la llegada inminente de la crisis en su rostro más concreto y fatal: pobreza, miseria, hambre y muerte.

Estas circunstancias extremas, propias de un capitalismo que ha implantado su racionalidad en todos los intersticios reproductivos del planeta, han hecho pensar, a no pocos, que finalmente las contradicciones del sistema han llegado a tal punto que su transformación radical es una necesidad imperiosa, si se quiere precautelar el proyecto humanizador moderno.

Es probable que ésta no sea, como muchos añoramos, la última gran crisis del capitalismo, sino apenas otro pico de sus perversos ciclos. Momento que nos arroje, en el mejor de los casos, a un renovado keynesianismo del siglo XXI, y que otra vez asistamos, incrédulos, a su impresionante capacidad regenerativa.

Sea lo que fuere, el momento es propicio, como nunca antes, para volver a situar y repensar el pensamiento crítico socialista. Por eso, se vuelve imperante retomar todo el legado reflexivo del marxismo para repasar, desde las exigencias contemporáneas, al socialismo como el proyecto más serio de crítica al capitalismo.

Recordemos que en esa misma tradición teórica pensar el devenir social es ya empezar a construirlo. Ese pensar debe inaugurarse en la crítica económica y social a las atrocidades concretas de esta última crisis de la economía mundial, que deteriora sin piedad la vida humana (en esta última crisis de la economía mundial) y no en las elucubraciones econométricas de los especialistas en macroeconomía.

Las ciencias sociales, a despecho de Weber, tendrán que volver a proyectar su mirada hacia las exigencias emancipatorias futuras de las sociedades.

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