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SUCRE, Werner Vásquez Von Schoettler

EL SUCRE


Werner Vásquez Von Schoettler
Columnista
wvasquez@telegrafo.com

 
La
creación de una moneda regional, hoy más que nunca, se evidencia como
una gran necesidad, no solo frente a la crisis económica mundial, sino
como un instrumento que viabilice, agilite una real integración
regional; que haga factible la integración económica de nuestros
países. Esta integración -queda claro- no debe solo pasar por lo
económico-comercial, sino que el núcleo de la misma debe responder al
reclamo histórico de la integración, pues los diversos intentos previos
demostraron ser obsoletos, porque se creyó que integración es igual de
economía y negocios.

La integración exige un proyecto
político-económico. La propuesta de una moneda regional, permitiría, en
varios sentidos, fortalecer la región frente a los avatares del
irracional sistema financiero internacional. El SUCRE debe efectivizar
un Sistema Único de Compensación Regional, inspirado, no cabe duda, en
el Plan Keynes; el SUCRE sería una moneda electrónica (con cierto grado
de equiparación con el dólar) con la cual se podrían realizar
intercambios y transacciones intra-regionales, sin depender rígidamente
de la disponibilidad de dólares, de su depreciación o revaluación o de
líneas de crédito condicionadas. Con este fin, el SUCRE electrónico
permitirá sostener, ahora en la crisis, el comercio entre los países
socios y con la perspectiva de incrementar el intercambio comercial;
como nivelar, en alguna medida, los desequilibrios comerciales. Es
obvio que requerirá de una institución: el Consejo Monetario
Regional/Sudamericano. Así el Sistema de Compensación sería de carácter
mutuo, común a los socios -pero con un mecanismo interno de
estabilización para evitar acumulación de saldos de acreedores y
deudores, que podrían generar posiciones de ventaja-, con lo que de
manera concreta se reduciría la dependencia estructural que tenemos con
el dólar.

Otra de las ventajas está, en términos políticos, en
hacer realidad la construcción de un mercado interno sudamericano,
integrado por cada mercado nacional, acorde a sus desarrollos y
ventajas comparativas, en la perspectiva de desarrollar encadenamientos
productivos regionales. Recordemos que Europa en 1979, conformó la
Unidad de Cuenta del Sistema Monetario Europeo, que fue la base para
que, veinte años más tarde, tengan su moneda regional, el euro, como
expresión de la integración socioeconómica y política. El Sistema
requeriría una canasta de monedas, conformada por las monedas de cada
país; cada moneda expresará el peso relativo de cada economía
internacionalmente. De esta forma se podrían complementar las economías
pero con una visión distinta a la del lucro total.

Enunciados
como el de comercio justo, son viables de esta manera, siempre y cuando
haya un proyecto político continental alternativo. Esta posibilidad de
complementariedad, permitiría cambiar el sentido de las economías de
exportación primaria. El aumento del intercambio puede traer el aumento
de empleo e inversión que requerimos, sin depender (de mantener) altas
reservas de divisas. Así los discursos de la soberanía son viables
económicamente. Sudamérica requiere soberanía monetaria y financiera.
El SUCRE podría ser una alternativa viable y factible para lograrlo.

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