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José Samaniego Ponce

Más intervención estatal

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

La crisis sigue rompiendo paradigmas. Lo que hasta hace poco tiempo era impensable en la sociedad y la economía estadounidenses, que hasta antes de agosto de 2007 era el ejemplo del libre mercado, la no intervención y la autorregulación, hoy se desvanece pedazo a pedazo por la dureza de la crisis económica. La noticia del día lunes respecto a los dos íconos de la industria automotriz norteamericana fue evidente: el presidente Obama pidió la salida del gerente de General Motors porque consideró que los planes de reestructuración de la empresa (reducción de costos, lanzamiento de modelos más eficientes en la utilización de energía, renegociación de los beneficios de los sindicatos, etc.) no eran suficientes para garantizar que los recursos públicos invertidos para rehabilitarla podían ser devueltos en el futuro. Pidió, al mismo tiempo, que accionistas, empleados, proveedores, sindicatos y distribuidores hagan mayores sacrificios para salvar a la empresa en los próximos 90 días y que, de no lograrlo, estarían considerando la posibilidad de declararla en bancarrota y acogerse a normativa que contempla el Capítulo XI del Código de Quiebras de los Estados Unidos.

Obama fue mucho más duro con la Chrysler, el tercer fabricante de automóviles más grande de los Estados Unidos, y le concedió a su gerente (Robert Nardelli, de quien no pidió su cabeza) un plazo perentorio para que concluya las negociaciones con Fiat y suscriba una alianza estratégica que le permita, a la empresa estadounidense, tener acceso a la tecnología de la italiana para fabricar vehículos pequeños con bajo consumo de gasolina. A cambio de ello, le ayudaría a levantar capital por $5 billones, que ya fueron solicitados.

Ambas empresas arrastran una delicada situación económica producto de la caída en las ventas de 2008 que se siguen acumulando en 2009. Chrysler perdió $8 billones en el año anterior y sus ventas al mes de enero de este año cayeron en un 55% anual. GM, por su parte, sigue un camino similar, con ingentes pérdidas en 2008 y una reducción del precio de su acción a $2.7, en la peor crisis de la empresa en 27 años.

El Gobierno estadounidense ya ayudó a las dos compañías con $17,5 billones ($13,5 billones a GM y $4 billones a Chrysler) en meses anteriores y el presidente Obama tiene razón en intervenir y exigir a la administración de estas un esfuerzo mayor y resultados creíbles, en la medida que están utilizando fondos públicos para salvarlas. Aunque esto era difícil de imaginar hace un año, el Gobierno se ha visto en la obligación no solo de intervenir en las agencias federales, bancos comerciales, bancos de inversión, aseguradoras, etc., sino también en las gigantes automotrices. Este anuncio provocó otra caída estrepitosa de la bolsa luego de dos semanas de recuperación que parecían presagiar que el peor momento de la crisis había pasado.

La declaración de Obama también parece ser la última carta que se juega el Gobierno para presionar a las partes a realizar mayores ajustes (sobre todo a accionistas y sindicatos) en la intención de salvar a estos dos símbolos de la economía de los Estados Unidos. Pero una quiebra no se descarta.

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