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Dolarización, Walter Spurrier Baquerizo

El Futuro del Dólar

Por Walter Spurrier Baquerizo  

La fluctuación del dólar remece a la economía mundial. La severidad de esta crisis no tiene precedentes en la posguerra, cuando los vencedores del 45 delinearon el nuevo orden internacional; los perdedores se sumaron.

Con la globalización la industria de los países desarrollados se reubicó en el Asia. China, a diferencia de Japón en los cincuenta, impidió que su superávit comercial aprecie su moneda, lo cual hubiera beneficiado a sus consumidores, reduciéndose el superávit. Para evitar la monetización del excedente, lo invirtió en bonos del Gobierno de los EE.UU. 

En la última década China le ha vendido a EE.UU. con crédito de largo plazo y sin amortización gradual, bienes de consumo por un millón de millones de dólares. Washington y Pekín comparten la responsabilidad por este desequilibrio.

Ante la crisis financiera el presidente Obama recurre a las recetas de Keynes y busca apuntalar la demanda interna, impidiendo que la economía entre en deflación (una perniciosa caída de precios) y se deslice a la depresión. El Federal Reserve emite y compra bonos al Tesoro para que invierta; la economía se inunda de billete verde.

Cuando EE.UU. salga de la crisis habrá el peligro de una fuerte inflación, por el exceso de circulante, con lo cual se depreciaría el dólar. Cuando China y otros acreedores cobren, lo harán en moneda devaluada. Habrían vendido a plazos a una tasa de interés negativa.

Pekín está preocupado. El Presidente del Banco Central de China resucita el planteamiento de Keynes, que se cree una moneda multilateral, cotizada en función del precio de las 10 materias primas más importantes, que desplace al dólar. China considera que los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI pueden ser tal moneda. 

Se trata de una propuesta de partida, pero no resuelve todos los problemas. No es una moneda física respaldada por la economía del país que la emite. Las economías fuertes seguirán imponiendo sus monedas.

Lo que quiere Pekín es un sistema de pagos en que todos los países tengan similares derechos, diferenciados solo por su importancia económica: hoy  EE.UU. domina más allá de su poderío económico. Es lo que el presidente Correa quiere con la moneda regional.

Una moneda regional solo será posible cuando las economías sudamericanas se integren. Brasil es un líder renuente. La integración requiere que Brasil compre en la región y no lo hace. No puede haber integración cuando la economía más grande tiene un enorme superávit comercial, que utiliza para comprar bienes de fuera de la región.

La declaración del presidente Correa, que se reemplazará al dólar con una moneda regional, sonó a muchos que es un proceso en marcha. Pero equivale a decir que no hay perspectivas de desdolarización en un horizonte previsible.

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