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Felipe Burbano de Lara

¿Por qué creerle a Correa?

Por Felipe Burbano de Lara

fburbano@hoy.com.ec

Una de las condiciones para sostener la dolarización en tiempos de crisis fiscal y déficit de balanza de pagos es la confianza de los actores económicos en el Régimen y en la palabra del presidente. Me pregunto, sin embargo, ¿por qué los grupos empresariales han de confiar en Correa si ha sido tan hostil hacia ellos durante dos años enteros de Gobierno? ¿Y me pregunto, también, si esa falta de confianza no se ha convertido en un elemento de riesgo político para el proyecto de Alianza País en el contexto actual de crisis económica?

La desconfianza de los empresarios hacia Correa tiene dos fuentes: la una es ideológica y se deriva de las reiteradas críticas a la dolarización, a su dogmático antineoliberalismo y a sus reiteradas proclamas a favor del socialismo del siglo XXI. Tanto habló Correa en contra de la dolarización como el instrumento último y más acabado de la larga noche neoliberal, que es difícil pensar que en este momento está comprometido seriamente en precautelarla. Al menos una buena parte de los empresarios, hasta donde se ve, no lo creen así. Pero la desconfianza también viene de una segunda fuente: la actitud hostil del presidente hacia lo que podríamos llamar los intereses empresariales en el marco de la Revolución Ciudadana. Correa se ha encargado de presentarlos como antagónicos, excluyentes e irreductibles con su proyecto. Frente a los empresarios, se ha comportado como un caudillo autoritario. Ha querido exhibir su poder, mostrar que no les tiene miedo, que es más fuerte y macho que ellos. No ha querido dialogar ni convertirlos en actores del cambio. Aun más, los ha maltratado estigmatizándolos como una clase evasora, corrupta, “pelucona”, enemiga de la refundación nacional. Lo proclamó en Cuba de una manera bastante absurda y fuera de todo contexto: se lamentó que la burguesía ecuatoriana siguiera en el país y no hubiera huido a Miami como lo hizo la burguesía cubana tras la revolución. Los enemigos siguen adentro, dijo. ¿Infantilismo de izquierda o convicciones ideológicas profundas? ¿Pueden los empresarios confiar en Correa?

El escenario de la crisis económica ha cambiado, sin embargo, las perspectivas políticas. El más interesado hoy en sostener la dolarización parecieran ser el propio presidente y Alianza País, no tanto porque crean en su conveniencia sino porque su suerte parece estar unida a ella. Después de haber jugado con las palabras y con los miedos gracias a un Estado en bonanza petrolera, el presidente tiene hoy susto de una crisis que provoque una salida desordenada y atropellada. No hay que ser adivinos para imaginar un escenario social y político de inestabilidad y protestas. Semejante posibilidad ha generado una aparente paradoja: un presidente cuya suerte, más allá del escenario electoral, se encuentra atada y depende de ella, y que la dolarización, a su vez, depende de la confianza de los empresarios y los banqueros hacia el Gobierno. Cada presidente pareciera tener su propia maldición gitana. La de Correa es, hoy por hoy, la dolarización.

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