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Economía Mundial

Nuevas reglas en finanzas

Hace 76 años, en junio de 1933, se celebró en Londres la Conferencia Económica y Monetaria Mundial en la que se reunieron 66 países para poner fin al desorden monetario y las guerras comerciales en curso y tratar de extraer las lecciones de la Gran Depresión. Cuando terminó, los negociadores admitieron que había sido un fracaso.

El 2 de abril de 2009, los líderes mundiales se dirigirán de nuevo a Londres para encontrar una solución a una crisis financiera y económica tan desastrosa como la de 1929. No podemos permitir que la historia se repita. Si prevalece la inacción colectiva, corremos el riesgo de volver a las desgracias políticas y económicas de los años treinta que allanaron el camino para un conflicto mundial devastador.

Por supuesto, debemos responder al debilitamiento de la economía y a la inestabilidad financiera prácticamente en un estado de emergencia. Por eso los paquetes de estímulos y los planes de rescate financiero se adoptaron concomitantemente por primera vez en Europa, Estados Unidos y algunos grandes países asiáticos.

En la reunión de ministros de finanzas del G-20, celebrada el 14 de marzo, todos nuestros países hicieron enormes esfuerzos para reparar su maquinaria económica lo más rápido posible. Las políticas que se escogieron son diferentes, pero todos los estados son partidarios de las soluciones que les parecen más adecuadas. Todas son audaces y realistas en cuanto a las tareas que nos esperan. Al igual que sus socios, Francia ha adoptado medidas significativas de estímulo, mediante un plan que anunció el presidente Nicolas Sarkozy en diciembre pasado, así como con inversiones públicas y pagos anticipados de la deuda del Gobierno.

Si también tomamos en cuenta el fortalecimiento de los servicios sociales y las políticas legales que se emprendió el mes pasado, los estímulos de Francia en 2009 suman más del 2% de su PIB y los recursos comprometidos a futuro igualan los de Estados Unidos. Además, el impacto de los estabilizadores automáticos -que permiten a los gobiernos movilizar más o menos recursos fiscales dependiendo de las condiciones económicas- es más fuerte en Europa occidental que en la mayoría de los países anglosajones. Sin embargo, la situación macroeconómica de Estados Unidos parece ser peor que la de Europa en términos de consumo, banca, empleo y mercados inmobiliarios.

Pero como han repetido tanto Sarkozy como el presidente estadounidense Barack Obama, debemos ir más lejos. Los estímulos económicos solo serán eficaces si se restablece la confianza y esta solo se puede restablecer si se replantea totalmente el sistema financiero. Obviamente necesitamos ir a la raíz del problema, lo que exige que redefinamos los principios básicos del sistema. Sería contraproducente concentrarse en tratar los síntomas y darse cuenta después de que los presupuestos sin precedentes para las políticas estructurales no son económicamente eficientes ni políticamente aceptables.

*Ministra de Finanzas de Francia. Project Syndicate.

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