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Dolarización, Felipe Burbano de Lara

La dolarización

Por Felipe Burbano de Lara

fburbano@hoy.com.ec

La mayoría de economistas -en un inusual consenso- sostiene que, a partir de un determinado punto crítico, el escenario de una desdolarización se volvería irreversible en el país. Lo sería incluso independientemente de las reiteradas afirmaciones del Gobierno de querer sostenerla. Nadie puede establecer con precisión el punto crítico, pero el camino para alejarnos de ese eventual escenario, el más grave de todos, parece claro: requiere equilibrar las cuentas fiscales, corregir el déficit de balanza de pagos y apuntalar el sistema financiero.
Si la dolarización se encuentra todavía fuerte, se debe en buena medida a la solidez de los bancos. Pero un clima de incertidumbre y de malas expectativas frente al manejo de la crisis -como ya se registra en el país- puede provocar una salida de capitales que agrave aún más los problemas fiscales y de balanza de pagos. De hecho, en diciembre y enero últimos, se encendió la primera luz roja: en dos meses, salieron del sistema financiero depósitos por alrededor de $700 millones. Tanto temor generó esa corrida que el Gobierno aceptó sentarse a conversar con los bancos para apuntalar el sistema financiero, clave si se quiere efectivamente sostener el esquema monetario.
Salir de la dolarización sería el ajuste más duro y doloroso posible frente a la crisis. Que no se engañen ni nos engañen los economistas ingenuos que creen en una desdolarización ordenada, por etapas, en un país afectado por múltiples desequilibrios. Del actual esquema solo saldríamos en estampida y a un costo social enorme. Sería, además, el más injusto de todos los ajustes porque vendría a pesar de la impresionante bonanza petrolera de los últimos años. Una política fiscal expansiva, dispendiosa, sin visión de mediano plazo, insostenible en el tiempo, nos ha conducido -¡qué paradoja!- a un escenario de ajuste similar a los de la larga noche neoliberal. Tantas palabras, tanta retórica, tanta crítica al pasado, para conducirnos a los mismos círculos viciosos. La crisis internacional -a la que se minimizó en un inicio- nos encuentra disparados en el gasto y sin ahorros para enfrentarla. Inaceptable falta de prudencia y visión.
Los más escépticos creen que estamos a las puertas de una crisis más grave que la de 1999. No ven en el Gobierno una voluntad seria de ajuste, porque su línea de política económica se orienta hacia el gasto. ¿Cómo los economistas no ortodoxos nos sacarán de la crisis? ¿Hay un ajuste heterodoxo? No lo sabemos. Los menos escépticos creen que el Gobierno empieza a ajustarse en el gasto, pero a un ritmo todavía muy lento. Si bien la solidez del sistema financiero da cierto margen y ayuda a contener la crisis, si no hay ajuste fiscal y equilibrio en la balanza de pagos a tiempo -el punto crítico-, hasta los más optimistas creen que la desdolarización dejará de ser un espectro para volverse dolorosa realidad. Sería el inaceptable ajuste al que nos conducirían quienes, con enorme soberbia y arrogancia, se proclamaron a sí mismos como economistas serios y no vulgares contadores.

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