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Mauricio Pozo

Comparemos

Por Mauricio Pozo Crespo

mpozo@hoy.com.ec

La ignorancia es atrevida. No hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que el que no quiere oír. No es ficción decir que un buen manejo macroeconómico es una de las mejores condiciones para resolver problemas sociales y de pobreza. Decir lo contrario es tratar de tapar el sol con un dedo.

Los años 2003 y 2004, el Ecuador registró precios de petróleo inferiores a los $30 el barril; se heredó una larga lista de atrasos fiscales que, para aquella época, significaba cerca del 10% del Presupuesto, el país adeudaba a Gobiernos extranjeros y no tenía forma de levantar cerca de $ 2 000 millones por año para atender obligaciones de deuda externa e interna. En 2007 y las tres cuartas partes de 2008, el país gozó de precios superiores -casi tres veces superiores- a los del período 2003-2004, no había oposición política, la coyuntura de liquidez internacional era largamente mayor y el apoyo popular no podía compararse con años anteriores. Sin embargo, el resultado de indicadores macroeconómicos fue claramente inferior de aquel mostrado con circunstancias claramente adversas.

El período 2003-2004, con casi una tercera parte de los recursos el país logró doblegar la inflación y reducirla a menos del 1,5% anual, porcentaje que no se registraba en los últimos 40 años en el país. Luego del ajuste económico de 2003, el siguiente año la economía creció al 8%, incremento mayor a cualquiera de las últimas décadas, las líneas de crédito del exterior se abrieron a más de $4 000 millones para el cuatrienio 2003-2007, financiando la dolarización de la economía y, probablemente lo más importante: la pobreza se redujo cerca de ocho puntos porcentuales según cifras oficiales del INEC y del Sisse. En 2007, con casi el triple de los recursos, el nivel de pobreza en el Ecuador no se movió. La pobreza, que se entienda bien, se redujo con un tercio de la plata. La gente no sale de la pobreza porque le llenen de subsidios, lo importante es el empleo y las remuneraciones dignas y eso es imposible sin estabilidad macroeconómica, sin inversión y sin crecimiento económico. Anteponer a esto dogmas ideológicos, que los gobiernos anteriores, que los pelucones, que la partidocracia, que el imperialismo del norte, es desviar la atención. No faltarán obviamente trasnochados que, sin revisar una sola cifra ,traten de descalificar, juzguen de agoreros del desastre a los que con análisis objetivos y serios alerten de los problemas y los errores del manejo económico y los que, usando el estómago y no el cerebro, digan que ahora somos dignos y antes fuimos unos sumisos servidores del capitalismo y del neoliberalismo.

Lectores y ecuatorianos, no sean cerrados, el país no va por buen camino. El desorden económico y sus efectos futuros no es atributo de neoliberales o de críticos al Gobierno, es una realidad que se desborda por su propio peso. Me embarga mucha pena al leer y escuchar tanta bravuconada sin la menor idea de la realidad económica del Ecuador. Cuando salgan de la anestesia será muy tarde. El odio a personas les enceguece y no les permite ver la realidad.

Hora GMT: 16/Marzo/2009 – 05:07

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