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Economía Ecuatoriana, Gabriela Calderón

Bismarck + Fannie y Freddie

Gabriela Calderón

En 1889, el canciller alemán Otto von Bismarck creó el primer sistema de reparto para la jubilación de los alemanes. Más de medio siglo después, en 1938, Franklin D. Roosevelt creó Fannie Mae como parte de su New Deal. Fannie Mae debía proveer a los bancos locales dinero del gobierno federal para financiar préstamos hipotecarios aumentando de esta manera la cantidad de propietarios de vivienda y la cantidad de viviendas al alcance de las clases populares. Aunque Fannie Mae fue privatizada por Lyndon Johnson y luego forzada a competir con Freddie Mac, ambas mantuvieron el patrocinio del Estado: estaban exentas de pagar impuestos, no eran supervisadas como otras entidades financieras que participaban en el mercado hipotecario y tenían el respaldo implícito del gobierno federal si sus inversiones fracasaban.

Con Fannie y Freddie, los políticos se hacían populares consiguiendo que aumenten los créditos para vivienda con tasas más bajas y los banqueros tenían un negocio redondo ya que podían arriesgarse realizando inversiones que tenían el respaldo implícito del Estado. Según Gerald O’Driscoll –ex vicepresidente del Banco de la Reserva Federal de Dallas– ambas entidades “se habían vuelto ejemplos clásicos del ‘capitalismo de compadrazgo’”.

En el 2009 Ecuador ha continuado a la cabeza de la innovación en lo que respecta a políticas disparatadas y ha creado un híbrido entre el sistema de jubilación de Bismarck y Fannie y Freddie: se llama Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Este sistema utilizará los fondos del sistema de reparto para invertir en, entre otras cosas, cartera hipotecaria de la banca privada. No importa que el sistema de Bismarck esté mal concebido, como lo dije la semana pasada, ni que Fannie y Freddie fueran uno de los principales promotores de la burbuja hipotecaria que al reventar generó la actual crisis.

Las inversiones del IESS hasta hoy eran realizadas por su Consejo Directivo –que representaba a los trabajadores, empleadores y Gobierno–; ahora pasarán a ser realizadas por el directorio del nuevo banco, cuyos miembros son elegidos directa o indirectamente por el Presidente.

Toda operación realizada por este “Banco de la Presidencia”, no requiere autorización alguna para efectuar las operaciones de inversión “necesarias para su operación” (la necesidad supongo que la determinará, a su antojo, el directorio seleccionado por el Presidente).

Además, la Ley de Creación del Banco del IESS dice en el artículo 3 que el Gobierno va a invertir en operaciones de redescuento de cartera hipotecaria de las instituciones financieras (privadas o públicas), “evitando riesgo moral”. Yo me pregunto, ¿cómo se evita que los banqueros inviertan sin cuidado cuando hay la garantía implícita de que si toman malas decisiones el Gobierno, con la plata de los afiliados al IESS, asumirá las pérdidas?

En nuestro país el compadrazgo entre los banqueros y el Gobierno, el abuso en el uso de fondos públicos y del IESS, más el riesgo moral debido a garantías implícitas o explícitas por parte del Estado a agentes privados han sido problemas clásicos. El Banco del IESS es más de lo mismo, al cuadrado.

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