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Walter Spurrier Baquerizo

Alfaros y Patacones

Walter Spurrier

Los rumores son insistentes de que el Gobierno sacará una nueva moneda, que según una versión se denominaría alfaro, con el dólar al tipo de cambio 1×1: bimonetarismo.

Pero si es convertibilidad, o sea que cada alfaro tendría un dólar de contraparte, la medida no daría liquidez: tendría que ser una moneda de libre emisión de acuerdo a necesidades fiscales.

¿A qué cambio aceptarían los establecimientos comerciales esta moneda nueva? Un economista extranjero, al escuchar la versión, indicó que haría más sentido que fuese 1,5 del alfaro por dólar, para evitar un colapso de la nueva moneda.

¿Qué se ganaría con el bimonetarismo? El Estado podría emitir, pagar sus cuentas y licuar su altísimo presupuesto vía inflación y devaluación.

El extraordinario crecimiento del rol de pagos del Gobierno es una de las causas del problema fiscal. En 2006 era de 2.600 millones de dólares; este año será de 4.500 millones de dólares, un incremento de casi 2 mil millones de dólares en tres años, ¡20% anual de crecimiento, en dólares!

El ministro Borja ha desmentido que se pretenda emitir una nueva moneda. El desmentido no quiere decir nada, porque aun si fuera cierto, tendría que desmentir: las medidas cambiarias no pueden anticiparse, por riesgo que pierdan su efecto. Pero estimo que entrar en bimonetarismo en circunstancias de difícil situación económica conlleva más riesgos que beneficios; más allá que haya estudiado la posibilidad de hacerlo, no creo que el Gobierno introduzca una nueva moneda.

Se requeriría una ley para instaurar el bimonetarismo. En cuyo caso, ¿no se corre el peligro que quienes tengan dólares, los escondan?

¿El empleado público aceptaría que le paguen en una moneda distinta al dólar, que va a depreciarse en los comercios?

Adicionalmente, es improbable que el Gobierno diseñe los billetes, ponga un pedido de impresión de papel moneda a una de las casas mundialmente conocidas para ese fin; pague; tramite la importación, desaduanice, traslade los billetes a la casa de la moneda en las afueras de Quito para ponerle las firmas, todo sin que nadie se entere o le haya sacado una foto de celular a los nuevos billetes o a uno de los documentos.

Más probable, aunque al respecto nadie ha dicho nada, es que el Gobierno recurra a un endeudamiento forzoso. Que diga a los empleados públicos: no me quiero atrasar con los sueldos, pero no tengo plata: les voy a pagar la mitad en cheque, y la otra en pagarés. Se imprimirían pagarés que parezcan billetes, y se dispondría que los almacenes los reciban a la par. Igual a los proveedores del Estado.

En Argentina, bajo la convertibilidad, tanto el Gobierno federal como las provincias recurrieron a este mecanismo para crear liquidez, y el nombre que todos recuerdan es el del pagaré de la Patagonia: el patacón.

A los contratistas del Estado se les pagaría con bonos; los importadores tendrían que depositar los dólares en el Central, y el Gobierno se demoraría en hacer la transferencia. A los exportadores también se les obligaría a que parte del valor de sus ventas la reciban en pagarés.

Esto, más probable que el bimonetarismo.

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