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César Paz y Miño

Darwinismo social

CÉSAR PAZ Y MIÑO
Columnista invitado
cpazymino@telegrafo.com.ec

Luego de la publicación del Origen de las Especies de C. Darwin, se hicieron adaptaciones a los postulados del evolucionismo. H. Spencer, contemporáneo de Darwin, aplicó el término “supervivencia del más apto” al área sociológica, dando origen al llamado Darwinismo Social (DS). Esta teoría sugiere que las características sociales y aun económicas, son producto de la herencia biológica y, en último caso, de la selección natural. El DS se hizo popular desde finales del siglo XIX y ha ido perdiendo vigencia en la actualidad, al punto de convertirse y ser calificado como pseudociencia.

El DS pretendió explicar la organización de la economía, las desigualdades sociales, las posiciones sexistas, racistas, etnocentristas, los negocios, la sociedad de mercado, las hegemonías políticas, las injusticias sociales, las guerras y todo cuanto se quería justificar a través de la aplicación absurda de las leyes biológico-evolutivas a la historia de los pueblos.

La supervivencia del más apto pronto fue robustecida por la supervivencia del más fuerte. La adaptación y la fuerza se las pensaba como intrínsecas a la naturaleza biológica y, por ende, a los pueblos o clases sociales: los más adaptados y más fuertes están mejor capacitados para la lucha y la supervivencia, sin importar los costos “biológicos” de esas supremacías. El imperialismo y el colonialismo, tuvieron ideólogos que fundamentaron y disculparon (aún lo hacen) las barbaries que originan. El extremo de la aplicación del DS fue el nazismo.

La sociedad de mercado se abanderó en el DS; John D. Rockefeller siguiéndolo, anotaba: “El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto… La rosa American Beauty sólo puede alcanzar el máximo de su hermosura y el perfume que nos encantan, si sacrificamos otros capullos que crecen a su alrededor. Esto no es una tendencia malsana del mundo de los negocios. Es, meramente, el resultado de la combinación de una ley de la naturaleza con una ley de Dios”.

El DS también invadió a la Genética, argumentando, que ya que el gen tiene como propósito mantenerse y para esto reproducirse, este se perpetúa en el grupo social que más se adapta. Los genes, que son los que en última instancia proporcionan rasgos diferenciadores como el color de la piel, determinan que socialmente se discrimine lo que no es hegemónico. Por selección, se mantienen los genes que determinan el color blanco de la piel. Con esta teoría de la prevalencia del “gen fuerte”, se trata de justificar la superioridad racial y revivir posturas antihumanas y antihistóricas como el neonazismo.

El DS es una pseudociencia, por lo tanto errónea y no válida, que se engorda en las limitaciones propias del evolucionismo en su origen y de las preguntas aún no resueltas por la ciencia moderna. Frente a la sinrazón del DS está la conciencia humana, adquirida también evolutivamente, que no se rige por leyes biológicas estrictas. La razón social y la ética de la equidad, no están fundamentadas en un gen específico, como muchos genetistas modernos nos quieren hacer pensar; ambas, así como la justicia, la paz y otras, obedecen a la propia hominización y a una herencia cultural humanista digna de rescatarse.

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