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La No Economía

Por Juan Jacobo Velasco

velascoj@hoy.com.ec

No ha sido raro escuchar en los últimos dos años constantes negaciones sobre los patrones normales con los que actúa cualquier economía y encontrar, para la nuestra, respuestas distintas a las que sugiere el sentido común económico. Por ejemplo, de por qué se desmanteló el sistema de ahorro fiscal instaurado a fines de los noventas. Esa racionalidad fiscalista –que, cosa rara, fue una constante a pesar de la inestabilidad política- funcionó no solo en el Ecuador, sino en prácticamente toda América Latina.

En 2008, la OECD analizó la política pública en nuestra región y encontró que el sobreahorro fiscal fue la norma y permitió reducir el volumen de deuda pública regional en esta década, además de preparar a los países ante una crisis como la actual. La idea es sencilla: en tanto se desconoce el futuro, y se experimenta un shock positivo de ingreso, es mejor ahorrar. A pesar de las culpas neoliberales imputadas por el Gobierno, este patrón de comportamiento ha sido transversal y funcional para países afines como Uruguay, Chile y Brasil. El desmantelamiento del ahorro tiene una explicación de economía política: con cinco procesos electorales en dos años, los incentivos para un gasto público expansivo son muchos. No es la noche neoliberal la explicación a la negación de un ahorro necesario en la coyuntura actual. La razón es la utilización cortoplacista del gasto para obtener el poder político total.

Algo parecido ocurre con el afán de controlar los precios y establecer cuotas de importación. Estas medidas son un contrasentido: con más aranceles o cuotas, se encaren los productos importados. Hay una sustitución por la vía de la producción local, que es más cara. Es verdad que habría un objetivo de protección del empleo, pero estas medidas son muy débiles en tanto nacerá un esquema de lobby alrededor del mantenimiento de estas políticas, que funcionan si el tejido productivo está eslabonado. En el país, el eslabonamiento se ha perdido porque la producción se segmentó entre un sector moderno muy integrado con el resto del mundo y un sector de baja productividad y poco volumen de producción, enfocado en el mercado local, que sería el beneficiado. La razón de la medida no es la excesiva o inadecuada importación, es la necesidad de caja fiscal que lleva al “agarra lo que puedas”. La crisis de crédito y confianza bancaria no es exclusiva del Ecuador. Todos los países atraviesan la misma disyuntiva: los bancos se muestran excesivamente prudentes. En el país esa prudencia se exacerba con el recuerdo de la crisis de 1998. ¿Se puede obligar a los bancos a prestar plata? No y sí: obligarlos significa aumentar un riesgo sistémico que puede hacerlos colapsar. Pero los Bancos Centrales de los países están bajando sus tasas de interés y facilitando líneas de crédito. El problema es que el Ecuador no cuenta con los recursos. Los utilizó en nombre de su revolución.

Hora GMT: 12/Marzo/2009 – 05:04

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