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El capitalismo crucificado…

Werner Vásquez Von Schoettler
Columnista
wvasquez@telegrafo.com

“(…) El capitalismo está crucificado por la codicia y el marxismo, ¿es una especie de Lázaro que regresa de entre los muertos? Yo así lo creo. Chesterton dijo que el cristianismo no había fracasado porque no se intentó aplicar nunca. Es cierto. Eso mismo es aplicable al marxismo. Todo lo contrario podemos decir del capitalismo cuyo fracaso emana de su aplicación. El socialismo democrático y humanista es la única solución que yo encuentro para solucionar los problemas esenciales del hombre…”. (Madrid, 28/02/2009); es lo dicho por el sacerdote y poeta y revolucionario Ernesto Cardenal en una entrevista. Y nos invoca a reflexionar la perspectiva de vida del capitalismo. Para algunos teóricos el capitalismo se encuentra en el vórtice del colapso general y la crisis financiera mundial o es el desenlace o es el comienzo del fin del vórtice. Pero lo que no nos han aportado son los argumentos para dicho colapso.

Más allá de ciertas consideraciones ideológicas, intereses e incluso exigencias éticas, es necesario profundizar ciertos indicadores del colapso o no del capitalismo. Si consideramos que el capitalismo es uno solo y monolíticamente estructurado a nivel mundial, de entrada cometemos un error epistemológico.

A lo largo del siglo XX el capitalismo se ha subdividido, sub-estructurado en extensión e intensidad. Las revoluciones científico-técnicas que suceden cada 18 meses (Ley de Moore) han permitido, desde el siglo XIX, al capitalismo retro-alimentarse en un continuum de acumulaciones primarias, secundarias y terciarias. No basta decir que la reducción de la tasa de ganancia y/o la sobre-producción son expresiones, síntomas, etc., de un futuro mediato del colapso sistémico. Si hubiera evidencia del comienzo del colapso, deberíamos encontrar evidencia de la emergencia, visibilizar campos o sub-campos donde las fuerzas del viejo capital se hayan debilitado o espacios o neo-espacios de emergencia de otras formas de organización. Tenemos que apelar a las evidencias más que a las ganas de que el capitalismo y su proyecto civilizatorio, la modernidad, han llegado a un punto de inflexión. Muchos aspiran a un fin del capitalismo salvaje, pero no un fin total del capital y sus ganancias. Otros aspiran a un fin del capitalismo pero que perduren las instituciones que como sistema ha creado. Y otros aspiran a un fin del capitalismo pero que perduren las ambiciones y logros de la vieja modernidad o que ésta se refine estéticamente.

Pero debemos comprender que si la aspiración es el fin del capitalismo (que no necesariamente es el fin del capital) la caída significará, necesaria e
inevitablemente, la caída de todo el armazón social. A eso se ha denominado revolución, más allá de decir que la lucha de clases, que la violencia…

La confrontación es inevitable, aunque tome formas estéticas sutiles y perversas. La crucifixión por parte del marxismo no ha fracasado -reflexionemos la historia- porque hasta ahora no se ha intentado aplicarlo.

Pero con o sin marxismo, lo que está en juego es la disputa, día a día, por el poder…de la vida y la civilización humana.

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