//
estás leyendo...
Marcelo Medrano

Einstein y la relatividad (3)

Marcelo Medrano

Ahora bien, imaginemos que el tren se mueve a una velocidad constante muy grande y cercana a la velocidad de la luz, en una trayectoria rectilínea. Le sorprenderá saber -prosigue Einstein- que si midiéramos su longitud desde el lugar donde nos encontramos, que es nuestro sistema de referencia, esa longitud parecería ser menor: ¡la longitud del tren observada (es decir, medida) cuando el tren está en movimiento respecto al observador es menor que la longitud observada (medida) cuando el tren está en reposo respecto al observador! Pero, esta ley es, incluso, más general, pues puede aplicarse a cualquier objeto, en definitiva, al mismo espacio (sin interesar si existe o no un objeto en el intervalo de espacio que se pretende analizar) Esta conclusión rompe el segundo principio que la física del siglo XIX consideraba como válido: que el intervalo de espacio entre dos puntos correspondientes a un cuerpo rígido tampoco dependía del movimiento de un sistema de referencia. Si la velocidad de la luz es finita (experimento de Michelson-Morley), se invalida este principio que hablaba de la existencia de un ‘espacio absoluto’.

En definitiva, ni espacio ni tiempo son absolutos, sino que son relativos, relativos al sistema de referencia considerado: cualesquier observadores -nosotros en la Tierra, otro en el Sol, un tercero en una lejana galaxia y otros más en cualquier parte del universo- tienen el privilegio de considerarse ‘en reposo’ y mirar al resto del universo como en estado de movimiento: ¡cada uno de los anteriores, y todos al mismo tiempo, puede considerarse a sí mismo como el centro del universo! Este es el principio de la relatividad especial: no existen sistemas de referencia absolutos. Hay, además, otras consecuencias de este principio (como lo referente a la masa), pero, eso sí, no tiene nada que ver con que se diga que: ‘ahora, todo es relativo’.

A partir de lo expuesto, deja de hablarse del espacio y del tiempo en el universo para referirse al espacio-tiempo. ¡Un ratito!, interrumpen ustedes, estimados lectores: ¿qué es eso de ‘espacio-tiempo’? Nos estábamos llevando bien, señor Einstein,… pero de allí a que nos hable de ‘espacio-tiempo’, así, unido y de improviso, es desconcertante. Con mirada amable, el despeinado y viejo sabio les brinda un vasito de agua… ‘que sean dos, por favor’, dice usted. Y, aquel continúa: siempre se consideró el espacio como compuesto de tres dimensiones (largo, ancho y altura) y siempre se lo ubicó en un determinado tiempo; el descubrimiento de la constancia de la velocidad de la luz permite destruir las concepciones de espacio y tiempo absolutos y separados, para fundirlos en un universo de cuatro dimensiones simultáneas: ¡es el famoso, sugestivo e implacable ‘continuo tetradimensional espacio-tiempo’!

‘Pero, don Albert, le notamos algo preocupado -dicen ustedes-, ¿algo no está bien?’ Rompiendo el momentáneo silencio y pidiendo un vaso de agua, el pensativo Einstein contesta: ‘lo que no llego a comprender es porqué no se estudian los principios de la teoría de la relatividad en los colegios’.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: