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Marcelo Medrano

Einstein y la relatividad (2)

Marcelo Medrano

Señor Einstein, ¿cómo está? Ha pasado ya una semana desde nuestro diálogo; es mucho tiempo pero, como usted sabe, el tiempo también es relativo y parece que fue ayer cuando conversamos, jaja. Entonces, Albert, tomando un sorbo de agua, le dirige una mirada fulminante y, en tono amable, le comenta: una cosa es el tiempo subjetivo, el que usted, como ser humano, ha ‘sentido’ como largo o corto; otra cosa es el tiempo objetivo: éste debe medirse con un instrumento y no depende de la conciencia. Ahora bien, imagínese usted que se encuentra de pie en un punto de una calle recta muy larga y caen a tierra, exactamente a la misma distancia, a su izquierda y su derecha, dos rayos: ‘fueron simultáneos’, piensa; pero, ¿cómo demostrar esto? ‘Fácil’, se responde: en los puntos de caída de los rayos se han dispuesto dos espejos que dirigen la luz de las chispas hacia usted: caen los rayos y mide, con un reloj, cuánto demora la luz en recorrer las distancias entre cada espejo y usted. El tiempo es el mismo: los ‘sucesos’ son simultáneos. Usted, ubicado en ese punto y alegre por el resultado, es lo que se considera un ‘sistema de referencia’, porque relaciona las coordenadas de espacio y de tiempo para ese lugar y aplica, allí, las leyes de la física.

Considere, entonces, que a lo largo de la calle, mientras caen los rayos, pasa un tren lo suficientemente extenso, con una velocidad constante. Y la estimada lectora que nos acompaña se halla en él. Al pasar justo por donde se encuentra usted, ella también mira los dos rayos y repite la experiencia de medir, con un reloj, el tiempo de los ‘sucesos’. Sin embargo, como el tren avanza hacia uno de los espejos, medirá su tiempo menor que el medido respecto al otro punto del cual se aleja, porque el tren avanza hacia el encuentro de la luz que proviene de un espejo y, al mismo tiempo, se aleja de la luz que viene del otro. El resultado sorprende: al usar el tren como sistema de referencia, los tiempos medidos para la caída de los rayos a tierra, que usted, lector en tierra, ha medido como iguales, son diferentes.

Este experimento, continúa Einstein, rompe con dos principios que la física del siglo XIX consideraba como válidos. El primero: el intervalo de tiempo entre dos sucesos no dependía de si un sistema de referencia estaba en movimiento o no. Esto significaba que los sucesos medidos en cualquier parte del universo podían ser simultáneos porque la velocidad de la luz era infinita: era el llamado ‘tiempo absoluto’ (planteado por Newton y con un saborcito a Dios).

Sin embargo, como la velocidad de la luz es finita (el experimento de Michelson-Morley), el tiempo deja de ser absoluto y se transforma en ‘relativo’: ‘relativo al sistema de referencia considerado’, La conclusión más general es que un intervalo de tiempo medido en un sistema de referencia que se mueve es mayor que aquel medido en un sistema de referencia en reposo, o sea: ¡los relojes ubicados en un cuerpo en movimiento caminan más lento que aquellos que se encuentran en un cuerpo en reposo (relativo)! ¡Genial! (Continuará.)

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