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Walter Spurrier Baquerizo

Nuestros socios sudamericanos

Walter Spurrier

Ante el colapso de las exportaciones y la imposibilidad de devaluar, el Gobierno restringió las importaciones. Doblemente afectados están los países sudamericanos con los que tenemos acuerdos comerciales: además de las restricciones, les suspendimos las preferencias.

Esta medida contrasta con el discurso oficial. Rechazamos un TLC con Estados Unidos, ponemos obstáculos al TLC con la Unión Europea y coqueteamos con el ALBA chavista. El Presidente es el más decidido promotor de Unasur, la creación de un banco de desarrollo y un fondo monetario regional, y la adopción de una moneda común. ¿Cómo se entiende?

Es el contraste de la teoría y la práctica.

La mayor integración de América Latina es importante porque en la economía globalizada Latinoamérica se especializa en materias primas, productos de escaso valor agregado (banano, camarón) y maquila (México y Centroamérica). La excepción más notable es la exportación de aviones por parte de Brasil.

En cambio, con protección moderada, el comercio entre nosotros es de productos industrializados, con mayor valor agregado, lo que se considera un paso previo a lograr un nivel de productividad que nos permita lanzarnos al mercado mundial.

El problema es que los acuerdos entre latinoamericanos han favorecido a los más fuertes. El Arancel Externo Común del Grupo Andino fue negociado entre Colombia y Venezuela, y privilegia a la industria básica metálica, química y petroquímica. A Bolivia se la eximió de adoptarlo, Perú nunca lo aceptó, y Ecuador, que carece de esa industria, lo adoptó. Desde 1994 subsidiamos a la industria básica de Colombia y Venezuela, hasta que el presidente Correa abandonó esa práctica.

Dentro de Sudamérica estamos entre los menos competitivos. Al caer las barreras comerciales, las empresas multinacionales y las regionales tendieron a cerrar sus filiales en el país y abastecerlo desde plantas en los países con los que hay acuerdos comerciales. Son pocas las empresas ecuatorianas que han incursionado con éxito exportando a los países vecinos.

El resultado es que tenemos un ingente déficit comercial con todos los países sudamericanos de mayor desarrollo que el nuestro, excepto con Perú y Chile, porque les exportamos petróleo.

Ante eso, si no se suspendían las preferencias a los vecinos, la meta de restringir las importaciones de bienes de consumo y preservar las escasas divisas para bienes terminados, no se lograba.

Las cuotas de importación, sin embargo, ocasionan un enorme problema del cual el Gobierno no parece tener plena conciencia: la clase media ha adoptado hábitos de higiene de países desarrollados, y esos productos ahora son importados y se los restringe en el 30%. Vamos hacia la escasez y racionamiento de pasta de dientes, papel higiénico, toallas sanitarias, desodorantes, hojas y espumas de afeitar. Como en los países socialistas, surgirá un mercado negro de productos higiénicos.

Más allá de este problema coyuntural está la necesidad de que el Ecuador adopte una economía política conducente al desarrollo industrial, si queremos cosechar ventajas de una integración regional y reducir la dependencia en el petróleo y otros bienes primarios. Sobre este tema, en el primer periodo de Rafael Correa ha habido mucho ruido y pocas nueces. El Presidente economista nos queda debiendo.

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