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José Samaniego Ponce

Y ahora, Europa

Por José Samaniego Ponce

samaniego@hoy.com.ec

Ya lo advirtió a inicios de año el actual premio Nobel de Economía, Paul Krugman: la situación de la economía europea es sumamente grave y la crisis puede ser, incluso, más destructiva que la norteamericana. Este año, como muchos predicen, la evolución de la crisis se va trasladar desde los Estados Unidos hacia el resto del mundo y en especial a Europa, donde los países que conforman la Comunidad Europea de Naciones, como un bloque, representan un tercio de la economía mundial. La economía de este conjunto de naciones tuvo un decrecimiento del 1,3% en el cuarto trimestre de 2008, lo que constituye la peor caída en 13 años. Esto indujo a que Jim O´Neill, economista jefe de Goldman Sachs, declare que “la crisis en Europa es peor que la de los Estados Unidos”.

Alemania, Francia e Inglaterra, las mayores economías de la Comunidad, decrecieron fuertemente en el último trimestre de 2008, y desde inicios de 2009 las autoridades económicas de los países miembros han empezado a anunciar programas muy amplios de apoyo al sector financiero e implementar acciones de política económica agresivas para reactivar los sistemas productivos. Existe una percepción muy fuerte en el mercado respecto a la fragilidad de los sistemas financieros de los países de Europa Central y del Este. Se habla también de una posible cesación de pagos de deudas soberanas de algunos países (inclusive de Irlanda, calificado como el milagro económico de Europa en la década de los 90), mientras que el Banco de Inglaterra salió al paso de rumores sobre las dificultades del Lloyds Bank, una institución emblemática de Inglaterra, para evitar un colapso financiero; y se conoce que el problema de activos tóxicos creados por las hipotecas inmobiliarias es sumamente grave en el sistema financiero alemán.

La profundidad de la crisis europea ha obligado a que el presidente del Banco Central comunitario anuncie que se tomarán medidas drásticas para enfrentarla, las que incluyen una violenta reducción de la tasa de interés marcadora a los niveles más bajos desde su introducción el 10 de octubre de 1999 (5,93%). Esto debería ocurrir, según los analistas, en la próxima reunión del ECB, el 5 de marzo, y provocará un desplome del euro, que de hecho el mercado ya está descontando, pues el lunes pasado llegó a cotizarse a 1,26 por dólar en las bolsas de Tokio y Europa.

Pero Europa, como un bloque, a diferencia de los Estados Unidos, es una economía con dos problemas: primero, es menos flexible, especialmente por las leyes laborales, los pesados esquemas de seguridad social y la ineficiente burocracia; y segundo, los problemas de coordinación de las políticas comunitarias impiden acciones conjuntas, efectivas, oportunas y diferenciadas para los distintos países que conforman la comunidad.

Al igual que en los Estados Unidos, la experiencia indica que los Gobiernos deben actuar muy rápidamente y con toda la profundidad que la crisis demande. Por lo pronto, lo que se ve es que las autoridades europeas han anunciado programas que van a resultar insuficientes y que actúan tardía y reactivamente respecto de la velocidad con la que se expande la recesión.

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