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Jacobo Velasco Molina

Las primeras cifras

Por Juan Jacobo Velasco

En diciembre, la Cepal presentó el estado de situación de las economías latinoamericanas para 2008 y 2009. Como era de esperarse, la norma fue la evaluación del impacto de la crisis financiera en la forma de reversión del saldo en cuenta corriente (casi todos los países tuvieron déficit luego del superávit de 2007), la caída de las remesas, la contracción de la inversión extranjera y el aumento de la inflación, que fueron los elementos comunes a nivel regional. Ello condujo a una caída de las expectativas de crecimiento (4,6% en 2008 y 1,9% en 2009) y a una reversión del ciclo económico expansivo que se había iniciado en 2004.

Pero, si bien las cifras macroeconómicas dan rápida cuenta de los efectos de la recesión internacional, el mercado laboral de la región se observa relativamente estable. Esta semana, la OIT presentó su informe, resaltando que la tasa de desempleo regional cayó de 8,3% a 7,5%, que la caída del desempleo es más fuerte entre las mujeres; que, a pesar de todo, se generaron empleos, sobre todo formales; que la inflación al alza afectó el crecimiento de los salarios reales medios y mínimo. Estos datos aparentemente contradictorios tienen su explicación: el mercado laboral tiende a reaccionar con un rezago que va entre seis y nueve meses de empezado un cambio en el ciclo económico. Ello se traduce en un comportamiento paradojal, en apariencia, porque, a pesar de que la economía se está contrayendo, la reacción del mercado laboral no es automática y se pueden generar empleos. O, también, puede reducirse la oferta de trabajo (menos gente quiere participar en él), cayendo las presiones al alza de la tasa de desempleo.
Pero cuando el mercado laboral ajusta su tranco al proceso recesivo, la pérdida de empleos es cuantiosa y se acelera el aumento del desempleo.

Como lo indica la OIT, a diferencia de otras crisis, en esta ocasión la situación es distinta. La región está mejor preparada por el crecimiento que registró en el último lustro, que permitió a algunos países acumular importantes niveles de reservas internacionales, a la vez que se implementaron políticas macroeconómicas y fiscales saludables, en términos generales. El desempeño de la tasa de desempleo dependerá de la reacción de los sectores público y privado anticipándose al período de mayor impacto de la crisis. Ello podría traducirse en una caída menos fuerte del empleo, que atenúe el previsible aumento de la tasa de desempleo. Para que esto se concrete se necesita un ambiente propicio al diálogo social y a las confianzas mutuas. Una situación de emergencia requiere comprensión y apoyo. Y, sobre todo, premura.

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