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Guillaume Long

China, el gato negro y Bolívar

Habrá que dejarle unos días a Obama para instalarse, aunque confieso que mi escepticismo no ha decrecido con la Obamanía reinante. Hablemos, mientras tanto, de la Chinamanía de algunos analistas latinoamericanos.

Nadie se dio cuenta, pero China acaba de volverse socia del BID. Así que una calurosa bienvenida a China que además ha sido una gran ayuda en los últimos años. Si su comercio con América Latina (alrededor de $100 mil millones al año) es aún muy inferior al de los EE.UU. ($500 mil millones), no es menos cierto que se ha vuelto el segundo socio comercial de la región. Y no podemos subestimar los efectos que el creciente consumo chino ha tenido sobre los precios de los productos agrícolas (soya, arroz), así como mineros e hidrocarburíferos (cobre, petróleo). A largo plazo, el consumo chino volverá a apreciar lo depreciado por la crisis actual.

“No hay duda de que un mundo multipolar hoy nos conviene más que uno unipolar…”

Pero no hace tanto tiempo, EE.UU. nos caía tan bien como hoy no gusta China. No podemos olvidar el apoyo de Washington a la independencia latinoamericana, su oposición a las ambiciones imperiales de Inglaterra en la Mosquitia o en el Essequibo, ni su rechazo al colonialismo español en las Antillas. Sabemos hoy que EE.UU. no actuó por altruismo panamericano, sino que influyeron las nociones de superioridad racial y el pragmatismo utilitario del Divino Manifiesto y de la Doctrina Monroe. México se dio cuenta rápido, Cuba y Puerto Rico algo tarde, pero todos caímos.

No hay duda de que un mundo multipolar nos conviene más que uno unipolar. Un satélite para Venezuela, inversiones en Cuba, un nuevo mercado para Brasil, son todos aspectos positivos de la llegada de China a América. Pero no es menos cierto que lo que necesita China no son caminos que nos integren o nos consoliden como naciones, sino simples vías de acceso, como las que en la época de Potosí y Salvador de Bahía, iban de la mina o de la plantación, al puerto marítimo.

China es astuta. Lo vemos en la crisis actual, en donde ha dado claras muestras de lealtad hacia EE.UU. ¿A quién exportará sus productos si EE.UU. se empobrece demasiado? Deng Xiaoping, el gran artífice de la transición capitalista china, lo decía sin tabúes: “volverse rico es glorioso… ¿Qué importa si el gato es rojizo o negro si atrapa ratones?” Pero el realismo chino también es dañino. China acaba de rebasar a EE.UU. como primer emisor mundial de CO2, lo que la convierte en el mayor contaminante del mundo, y, por ende, en un verdadero peligro para todos nosotros.

¿Qué anti-imperialista latinoamericano no hace uso de la célebre frase de Bolívar?: “EE.UU. está destinado por la providencia a plagar a nuestra América de miseria en nombre de la libertad”. Hagamos entonces gala del mismo espíritu visionario de Bolívar y Martí. No confundamos medios con fines. Como región, somos exportadores netos de alimentos, por lo que las 1500 millones de bocas chinas lucen seductoras. Pero sin integración regional, sin industria nacional, sin seguridad alimentaria y energética, el espejismo chino volverá a traer los escasos beneficios cortoplacistas de un modelo basado en las mezquinas competencias entre productores de materias primas.

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