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Willington Paredes Ramírez

Obama y Wall Street

Willington Paredes Ramírez

Obama asumió el poder ayer. Su mayor dificultad no es la crisis económica mundial y sus efectos. Tampoco el fundamentalismo islámico. Es otro. Está en EE.UU. y forma parte de su ser y accionar. No está en la guerra geopolítica y geoeconómica que libra el Pentágono por la hegemonía yanqui. Tampoco en la visión escatológica de guerra étnico-cultural que cree Huntington en el “Choque de Civilizaciones”.

El problema es la existencia y persistencia de la entidad que desborda y mina la economía productiva: Wall Street. Desde ahí sale un accionar rentista y especulativo que crea inestabilidad en la economía de mercado, pues se ha convertido en un casino de Al Capone, sin dios ni ley, que especula y llena de pánico al capital productivo. La economía yanqui está presa en una cultura especulativa.

Desde Wall Street sale la inestabilidad, desequilibrio y peligro para el capital productivo, que sí crea bienes y servicios para la sociedad. Ella con otras bolsas de valores, son un verdadero poder mundial que no solo estructura el mercado de valores sino que va más allá: marcan el ritmo y la inestabilidad de la economía mundial. Es así porque fue el capital bancario y financiero especulativo (junto a las irresponsabilidades de los deudores), el que generó la crisis de la deuda externa (1982), la “tequila” en México (1994), la rusa y asiática (1997) y creó la burbuja del mercado inmobiliario, que estalló el año pasado.

Desde que monetaristas y ofertistas fomentan e impulsan el abandono de la prudencia y la racionalidad keynesiana, la economía mundial más parece un potro desbocado, un chupacabras. ¿Acaso el ascenso ficticio y brutal del precio del barril de petróleo no lo organizó Wall Street? No es un “Pentágono” de la economía mundial capitalista, pero actúa como tal.

Es como el “ántrax” de la Bolsa, que en pocos días destruye empresas productivas, fábricas eficientes, negocios honestos y naciones democráticas adheridas a la economía de libre mercado. El problema central de Obama es que desde que Wall Street se crea y difunde un salvaje libertinaje de mercado de papeles y dinero de ficción que destruye la economía real creando peligro e incertidumbre.

Obama debe parar el accionar de Wall Street, pues se ha convertido en un poder diabólico y demoníaco que incendia en su infierno especulativo los esfuerzos productivos de las empresas, del capital productivo y de la sociedad democrática. Si nos horrorizaban los crematorios antijudíos, miremos lo que pasa desde Wall Street hoy. Ahí se está cremando el trabajo productivo de agentes económicos que honestamente sostienen la sociedad democrática y su soporte, la economía capitalista.

Por eso la pregunta del millón es si Obama está dispuesto a impedir que los especuladores, tahúres y jugadores de casino de Wall Street, y otras bolsas de valores, dañen la economía, la inestabilicen y generen incertidumbre en la sociedad democrática y liberal. Esperemos ver cuál es el rumbo

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