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Economía Española, Economía Mundial

La crisis financiera: enseñanzas y retos ante 2009

La crisis financiera: enseñanzas y retos ante 2009

Publicado el 07-01-2009 , por J. M. González-Páramo. Miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobierno del BCE

Año y medio después del inicio de la crisis, el sistema financiero global continúa sometido a un proceso de corrección. Los mercados monetarios y de crédito se resienten todavía de la falta de confianza asociada a la incertidumbre sobre la solidez de las instituciones financieras y su capacidad de resistencia ante nuevas perturbaciones.

Tras el colapso de Lehman Brothers en septiembre de 2008, la crisis entró en una nueva fase, marcada por un deterioro sin precedentes del grado de confianza en el sector bancario como agente esencial de intermediación financiera.

La súbita y extendida percepción de los riesgos de insolvencia asociados a instituciones sistémicamente relevantes a nivel global requería una respuesta global y coordinada. Una respuesta que debía ser rápida, sustancial en el compromiso político de recursos y medidas de apoyo al sistema financiero, y que se añadiese a las medidas extraordinarias de provisión de liquidez que los principales bancos centrales del mundo habían ido tomando desde el verano de 2007.

En el caso de la eurozona, las medidas extraordinarias de provisión de liquidez, la cooperación intergubernamental y la coordinación con el BCE y el Eurosistema en la definición de las medidas dirigidas a facilitar la financiación externa y la recapitalización, acordadas en octubre de 2008, han sido efectivas en detener el proceso de deterioro sistémico y dislocación de los mercados financieros. La gestión de la crisis, sin embargo, sólo podrá traer consigo progresivamente la confianza y preservarla si se extraen las lecciones oportunas para la prevención de episodios análogos en el futuro.
Estabilidad de los precios

De entre estas lecciones, tres son fundamentales. Primera, una política monetaria orientada de modo creíble a garantizar la estabilidad de precios a medio plazo, y separada de la gestión activa de la liquidez, constituye un gran activo también en tiempos de incertidumbre y crisis financiera. Ello ha permitido reaccionar significativamente y con prontitud cuando, como ocurrió a comienzos del pasado otoño, la crisis financiera comenzó a incidir en el sector real.

En menos de dos meses, el BCE ha reducido los tipos en 175 puntos básicos. Aunque esta actuación no ha transmitido aún todo su impacto a la economía, es clave –junto a la generosa provisión de liquidez– para explicar el descenso del euribor a un año de 250 puntos básicos en poco más de dos meses. Este margen de maniobra para actuar, siempre conforme resulta necesario en cada momento, ha sido creado por el sólido anclaje de las expectativas de inflación a medio plazo.

Segunda, una política de gestión de la liquidez basada en un amplio número de contrapartidas y una lista diversificada de activos aceptados como colateral, es fundamental para asegurar el acceso a la liquidez a bancos solventes. Gracias a estos rasgos, presentes en el Eurosistema desde años antes de desatarse la crisis financiera, ha sido posible que la iliquidez de los mercados no haya degenerado en crisis generalizadas de insolvencia, dando tiempo a los gobiernos a poner en marcha sus programas de garantías e inyecciones de capital.

Y tercera, un mundo globalizado y con un gran número de entidades financieras sistémicamente relevantes requiere de cooperación intensa y eficaz, tanto a nivel internacional como entre reguladores, supervisores y bancos centrales. La crisis financiera ha confirmado la posición tradicional del Eurosistema sobre la necesidad de una muy estrecha cooperación entre supervisores y bancos centrales. Lo que este principio pueda implicar respecto de la mejora en las instituciones de supervisión de los grupos bancarios con presencia en varios países comunitarios, en el marco de la moneda única y a la luz de la experiencia de la crisis, es una cuestión abierta.

La respuesta adecuada a una crisis financiera debe tener en cuenta sus singularidades y sus raíces últimas. El acierto en esta tarea no asegura que las crisis no vuelvan a repetirse, pero puede ayudar a prevenirlas y a mitigar su potencial impacto. En este sentido, es posible aislar tres retos en el triple frente de la información, los incentivos y la regulación.

Información sobre los riesgos
Primero, la disponibilidad de información agregada e individual sobre los riesgos para el sistema financiero tiene que mejorar significativamente en cantidad, calidad y oportunidad. En particular, los esfuerzos deben concentrarse en aquellas instituciones, mercados e instrumentos financieros que, sujetos hoy a regulación ligera o nula, son generadores de riesgos con posible impacto sistémico sobre la estabilidad financiera.

Segundo, es necesario crear un esquema de incentivos que valore y recompense de manera más efectiva el rendimiento de quienes toman decisiones que impliquen riesgo en un horizonte de medio plazo. Durante esta crisis ha quedado patente, en multitud de casos, que el cortoplacismo excesivo ha traído consigo una significativa infraestimación de ciertos riesgos, como la desaparición total de la liquidez en los mercados de productos estructurados.

Y tercero, es imprescindible hacer un esfuerzo para mitigar los efectos procíclicos desestabilizadores que están presentes en el marco regulatorio vigente. Ejemplos que reclaman atención especial son los requerimientos de capital, la valoración de los activos y el endeudamiento, los esquemas de retribución y los regímenes de provisiones.

Estos retos figuran entre las prioridades acordadas por las autoridades internacionales y europeas, y en particular por el Consejo ECOFIN y el Foro de Estabilidad Financiera (G-7). Asimismo, han encontrado reflejo en la declaración de la cumbre del G-20 de noviembre de 2008. Estas iniciativas, apoyadas en las medidas extraordinarias de provisión de liquidez, garantías y capital, deberían restablecer progresivamente la confianza y crear un marco regulatorio que siente los sólidos fundamentos de un sistema

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