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Pablo Ospina, Uncategorized

Economía: dos años

Pablo Ospina

Durante estos dos años ha predominado una política económica alejada de la ortodoxia neoliberal reinante en las décadas anteriores. Este alejamiento se ha materializado en las políticas de expansión del gasto público y de estímulo a la producción nacional mediante el crecimiento de la demanda interna. Además, se ha privilegiado el papel de las empresas públicas en las principales actividades económicas. El Gobierno ha buscado también aumentar la participación estatal en las concesiones de negocios a empresas privadas extranjeras (telecomunicaciones, petróleo y minería), aunque no ha roto con ellas y varias de estas negociaciones han sido erráticas. Otro ejemplo del alejamiento del modelo neoliberal es la ley tributaria en la que se reforzaron los impuestos directos y progresivos en lugar de los indirectos y generalmente regresivos.

“Otro ejemplo del alejamiento –del Gobierno- del modelo neoliberal es la ley tributaria”

El nuevo modelo económico privilegia la equidad social y la redistribución mejorando los ingresos del Estado y la participación de los salarios en la economía. Al reforzar los controles estatales y la intervención pública en las inversiones rentables de las áreas estratégicas, aumentan también los fondos disponibles para destinar a políticas sociales redistributivas. En un país tan escandalosamente injusto y desigual como el ecuatoriano, este énfasis es un acierto en oposición a la máxima neoliberal de que “para que los pobres trabajen más hay que pagarles menos (bajando sueldos, reduciendo la estabilidad, reduciendo garantías sociales) y para que los ricos trabajen más hay que pagarles más (reduciendo impuestos, tasas y contribuciones)”. El modelo alternativo ensayado tiene la dificultad de que las empresas públicas necesitan reestructuraciones internas profundas en su administración para que puedan cumplir sus metas económicas y se requieren cambios legales para favorecer su autonomía y eficiencia. Lograrlo toma tiempo sobre todo por la forma en que fueron debilitadas en estos años. La crisis económica mundial crea restricciones adicionales para un modelo económico cuyo éxito depende de la expansión del gasto y la inversión públicos sobre todo porque ocurre en fases muy iniciales de su implantación.

Uno de los principales fallos del modelo económico del Gobierno es, a mi juicio, el “desarrollismo” poco preocupado de los costos ambientales y sociales del crecimiento económico. Es posible que la crisis tienda a profundizar los sesgos desarrollistas y extractivistas del modelo. Esto es lo que puede percibirse, por ejemplo, en el mayor impulso a la minería en lugar de apostar a actividades que no sean de “enclave” (es decir, con mayores encadenamientos económicos) como el turismo. Apostar a medidas o actividades de crecimiento económico muy rápidas e inmediatas puede desvirtuar el sentido del modelo alternativo esbozado en estos dos años porque dichas actividades suelen estar basadas en la especulación o la explotación y la “renta de la naturaleza”, lo que las hace insostenibles. Es preferible un crecimiento más modesto, más diversificado, pero más asentado en las potencialidades de pequeñas y medianas empresas.

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