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Editorialistas de Ecuador

Antiizquierda

La izquierda no niega la lógica de la economía de mercado ni el espíritu emprendedor.

Por Juan Esteban Guarderas *

Si un adolescente ecuatoriano, despertado por la curiosidad típica de la juventud, estando todavía lejos de llegar al escalón educativo en donde se estudia teoría política, quisiese definir las tendencias políticas a partir de las acciones de los actores ecuatorianos, terminaría con sus ideas trastornadas.

Si intentase definir la izquierda a partir de las acciones características de nuestro Presidente, entonces podría concluir que la izquierda consiste en la ideología política de la ausencia de diálogo y el consenso. Que es la ideología basada en la imposición de decisiones, y en la descalificación de los opositores como borrachos, infantiles o aniñados.

Que en el ámbito internacional, las alianzas deben buscarse con los países contracorriente, y que la izquierda implica la automática decisión de alejarse de las economías predominantes y volverse una especie de renegado, un rebelde. Podría pensar que el gobierno de izquierda consiste en el transferir directamente los fondos públicos a las manos populares a través de subsidios, sin desarrollar la productividad nacional.

Pensaría que un intervencionismo que sofoque la economía, fundamentándose en la total desconfianza de la iniciativa privada, consiste en el objetivo primordial que se persigue en la gestión económica.

Que para ser de izquierdas hay que cantar la palabra ‘revolución’ de una manera religiosa. Finalmente, si nuestro joven se fija en los gobiernos más cercanos al nuestro en Sudamérica, entonces concluiría no se puede ser realmente de izquierda sin tener un manifiesto desprecio por la corbata.

Claro, vista como es la izquierda en nuestro país, no es una sorpresa que haya gente que piense que es una ideología senil, con graves deficiencias en su entendimiento de la gestión económica, y fuertemente conflictiva. El efecto es el siguiente: hace poco me encontré con un estudiante que al renegar contra el Gobierno se autocalificaba de extremo-derechista.

Pues bien, la izquierda no se agota con un mal ejemplar. Hay otros regímenes, la izquierda chilena, argentina o la brasileña, en donde la lucha contra la pobreza ha ido de mano a mano con el crecimiento económico.

La izquierda está lejos de ser la ideología del conflicto, de la asfixia económica o de la rebeldía. Parte de la base de que las diferencias sociales entre ricos y pobres es enmendable a través de una acción positiva del Estado. La izquierda no niega la lógica que gobierna la economía de mercado ni rechaza el espíritu emprendedor del ser humano. Por el contrario, intenta combinar estos elementos con mecanismos públicos que logren la promoción social de la gente pobre.

No nos desilusionemos de la izquierda basta que el pueblo acierte en la elección para que experimentemos un verdadero gobierno de izquierda.

*Columnista invitado

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