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Gabriela Calderón

El resultado de espantar capitales

Gabriela Calderón

Un déficit comercial o en la cuenta corriente no es malo siempre y cuando el capital siga entrando a nuestro país, o, en otras palabras, los extranjeros sigan confiando en el sistema que impera en Ecuador lo suficiente como para seguir financiando nuestro endeudamiento. Por ende, no es lo mismo cuando Zimbabue tiene un déficit que cuando Estados Unidos lo tiene. Mientras que los capitales huyen instantáneamente del primero, en Estados Unidos siguen entrando a pesar de que las tasas de interés están por el suelo.

La balanza de pagos es un resumen de todas las transacciones internacionales de una nación que consta de tres cuentas –la corriente, la financiera y la de capital– y todas juntas siempre deben balancear. Los déficits o superávits corresponden a componentes de la balanza de pagos.

Un déficit en la balanza comercial no necesariamente es algo malo porque la contraparte de eso es que hay un superávit en la cuenta financiera por el monto que financia ese déficit en la comercial. El economista Michael Bordo indica que los déficits comerciales acompañaron el desarrollo económico en países como Argentina, Australia, Estados Unidos y Canadá a fines del siglo diecinueve y principios del siglo veinte. Pero estos países, mientras tenían un déficit, también atrajeron capital. En nuestro país estamos experimentando un déficit y el resultado de más de tres años de medidas gubernamentales que espantaron el capital del país.

Los capitales, como su palabra lo sugiere, últimamente tienen criterio capitalista: van donde más se respete la propiedad privada y donde más ganancias puedan obtener. Hasta el empresario más socialista se negaría a invertir su dinero en un país que no tiene un marco jurídico seguro, donde siempre están cambiando las reglas del juego, y donde tienen que perder parte de su capital para sacarlo de ahí. Tampoco lo invertiría en un país donde el código tributario es utilizado como arma de persecución política, cambia frecuentemente o llega a ser confiscatorio.

Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), Ecuador recibió 837 millones de dólares en inversión extranjera directa (IED) en 2004 y desde ahí la IED ha venido cayendo estrepitosamente: para 2005 solo recibimos 493 millones de dólares, para 2006 271 millones de dólares y para 2007 178 millones de dólares. La ONU tiene un índice que mide la captación de IED en relación al PIB de una economía y en este Ecuador pasó de estar en la posición 34 en 2004 a la posición 127 en 2007 (de 141 países en ambos casos). Los únicos países latinoamericanos y caribeños que captaron menos IED que Ecuador en relación a su PIB fueron Bolivia y Venezuela, porque hasta Haití nos superó.

El problema no es que los ecuatorianos importamos demasiado, el verdadero problema son las medidas del Gobierno que continúan socavando la confianza de los inversionistas (domésticos y extranjeros) en el sistema.

En lugar de eliminar comportamientos y medidas que han espantado capitales, este Gobierno reacciona restringiendo la libertad de elegir del consumidor ecuatoriano. Cuando lo recaudado por el fisco en aranceles a las importaciones y el reducido gasto de dólares en importaciones que ya no se permitirán no basten para alimentar el gasto público, el Estado ecuatoriano podría llegar a confiscar, una vez más, los ahorros de cada ecuatoriano.

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