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Economía de América Latina

Lula hizo realidad el mito de mayor cantidad de cumbres del mundo

Escrito por Emilio Marín
18-12-2008
http://elmercuriodigital.es/content/view/15368/146/
¿Cómo pueden presidentes de 33 países latinoamericanos y caribeños hacer cuatro cumbres en sólo dos días? Lula hizo el milagro cerca de Bahía. Allí se incorporó formalmente Cuba como miembro del Grupo de Río. Lula da Silva se está despidiendo de su segundo y definitivo mandato como presidente de Brasil. Y se nota.

Hace lo que puede y algo más por fortalecer a su país como referente regional y mundial, agrupando a su alrededor a los miembros del MERCOSUR, UNASUR y el Grupo de Río, sobre la base de los cuales convocó la I Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC).

En total 33 presidentes y jefes de Estado se dieron cita en el balneario de Costa de Sauípe, a 75 kilómetros de Bahía, en el noreste brasileño, la tierra de Jorge Amado, el célebre novelista que fuera militante del Partido Comunista de Brasil.

¿Cómo hizo el anfitrión para reunir primero a los mandatarios de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, miembros plenos del Mercosur, con los invitados Colombia, Chile, Bolivia, Perú y Bolivia, y luego dar paso a los otros encuentros en rápida sucesión? Es un misterio de la diplomacia, porque inmediatamente de esa XXXVI Cumbre del Mercado Común del Sur se pasó a la Cumbre de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas), donde se nuclean Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Venezuela, Chile, Guyana y Surinam, y figuran como observadores Panamá y México. La chilena Michele Bachelet ejerce la presidente pro-témpore de este espacio hasta abril próximo. Este cargo generó rispideces por la propuesta ecuatoriana de que sea Néstor Kirchner quien lo ocupe, y la resistencia de Uruguay a esa designacion, enojado por la continuidad de los cortes ambientalistas en Gualeguaychú.

La tercera reunión en Costa de Sauípe fue la inventada por Lula, la mencionada CALC, que al englobar las naciones Latinoamericanas y del Caribe puso sobre el tapete una fuerza insospechada. Los números de población y economía los dio el venezolano Hugo Chávez: “debemos tener conciencia de la posibilidad de diseñar soluciones a través de nuestros potenciales, pues los 33 países abarcamos 20.180.000 kilómetros cuadrados, 550 millones de habitantes, un Producto Interno Bruto (PIB) en el 2007 de 3,5 billones de dólares y reservas internacionales de 459.774 millones de dólares”.

Los dos lemas de esa reunión hubieran hecho las delicias de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio, al menos formalmente: “Integración y Desarrollo”.

Finalmente, en algún entreacto o descanso de la CALC, Lula presidió la cuarta conferencia, la del Grupo de Río, que hasta ahora estaba nutrido de 22 países y se le sumó otro en un hecho de “histórica justicia”, al decir de Chávez. Los 22 eran Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Haití, Uruguay, Venezuela, Guyana y Jamaica. El número 23, recibido con gran alegría, pompa y circunstancia, fue Cuba, en la persona de su presidente Raúl Castro, secundado por el vicepresidente Ricardo Cabrisas y el canciller Felipe Pérez Roque. Lula trabajó en forma fantástica para hacer realidad esta incorporación.

Sin imperio

Algunos de los presidentes eran muy conocidos para el público latinoamericano. ¿Quién no oyó hablar de Lula, Chávez, Castro, Bachelet, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, Alvaro Uribe, Cristina Fernández de Kirchner, Felipe Calderón y varios por el estilo?

Otros, en cambio, son mucho menos conocidos o directamente desconocidos para el gran público, como Manuel Zelaya, de Honduras; Alvaro Colom, de Guatemala, y el primer ministro de Jamaica, Bruce Golding.

Lo notable es que la habilidad de Lula y su cancillería, Itamaraty, logró amalgamar a esa treintena de jefes de Estado más allá de las diferencias políticas, que las hay y profundas en algunos casos. Se sabe que Chávez y Uribe no son del mismo palo y han estado al borde incluso de la guerra en varias ocasiones en el último año; lo mismo pasa entre Uribe y Correa, luego que Ecuador fuera bombardeado e invadido por los militares colombianos en Sucumbios, el 1 de marzo último, con una veintena de muertos.

Pero nuevos vientos, propios del cambio de época del que habló justamente Correa, hicieron posible estos cuatro encuentros sucesivos en apenas 48 horas. Hay un sentimiento de unidad de la región donde hasta el menos pintado razona sobre el potencial de la misma, frente a la crisis internacional del sistema de “globocolonización”, como lo llamó el mandatario cubano.

“¿Qué pasaría si América Latina dejara de funcionar, si no vendiera y comprara? Tronaría al mundo”, señaló el guatemalteco Colom, llamando a la unidad de este espacio. La mandataria argentina también subrayó la culpa de las economías centrales en la crisis actual, deslizando que Estados Unidos y Europa deberían indemnizar a los países afectados.

Antes de entrar a contabilizar los acuerdos adoptados y las propuestas hechas en el balneario brasileño, conviene resaltar el aspecto político-diplomático que parece central: fue una reunión sin el imperio. Y no sólo quedó afuera Estados Unidos, lo que va en línea con la percepción antiyanqui de la mayoría de estos gobernantes (menos Uribe) sobre la responsabilidad de Wall Street, sino que también fue excluída Europa. Hay que tener en cuenta que en las Cumbres Iberoamericanas siempre participan España, Portugal y Andorra. Acá no hubo tarjeta de invitación para ellos. El borbón no pudo decirle a nadie, como lo hizo con Chávez en una pasada cita de Chile, “¿por qué no te callas?”.

Otros acuerdos

Que todos los países de la región latinoamericana y caribeña se hayan reunido sin exclusiones y sin permiso del imperio, dando la bienvenida a Cuba a una virtual “nueva OEA”, es un hecho muy destacado. A propósito, Raúl Castro se deshizo en agradecimientos por la invitación y dejó sentado que la isla no pedirá el reingreso a la entidad regenteada en verdad por Washington aunque tras las bambalinas del secretario general, el chileno Miguel Insulza.

En política los asistentes acordaron negociar en bloque con los gobernantes de países más industrializados, para evitar que la crisis golpee con mayor rudeza al sur del Río Bravo. También, y es algo que se repite de reuniones anteriores, en reclamar un nuevo orden económico internacional. Mientras eso ocurra, el rápido Chávez hizo la propaganda del ALBA, de un espacio económico común y una moneda virtual común, el sucre, secundado por Correa en cuanto a la necesidad de implementar el Banco del Sur.

El bolivariano propuso primero destinar el 10 por ciento de las reservas de la región, 50.000 millones de dólares, para un fondo que haga frente a la crisis, y luego lo bajó a 5.000 millones ante la reticencia de parte de sus colegas.

Los asistentes convinieron adquirir productos textiles a Bolivia, por 30 millones de dólares, ante las sanciones de EE UU contra el gobierno de Morales disfrazadas de “descertificación” en la lucha antidroga.

Uno de los mayores logros fue la aprobación del Consejo Sudamericano de Defensa, de la que dio cuenta el anfitrión Celso Amorim. Este canciller dijo que ahora habrá una visión común para los problemas de defensa de la región, se apartará de las discusiones a “los países ajenos” y habrá mayor coordinación de los distintos ministerios de defensa. Dos resultados concretos, según Amorim, serán los entrenamientos conjuntos y la unificación de la industria de armamentos. El ministro brasileño de Defensa, Nelson Jobim, declaró en Sauípe que la primera reunión del Consejo Sudamericano de Defensa será antes de marzo.

Cuba se retiró más que conforme con la declaración especial del Grupo de Río condenando el bloqueo norteamericano, en línea con lo votado en octubre en la ONU.
Aunque no se adoptó una resolución, Correa y Chávez introdujeron el tema de la deuda externa en las reuniones, y abogaron por auditar y no pagar la parte fraudulenta. Este debate, que retoma las discusiones de los ´80, recién se está instalando y no habrá causado mucha gracia a Lula y Cristina Fernández, cuyos gobiernos se precian de pagar esas obligaciones.

Más allá de esas diferencias, en Costa de Sauípe se reunió un bloque que quiso mostrar su fuerza ante la inminente llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. La idea parece ser invitarlo a negociar, mostrando antes fortaleza.

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