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Economía Ecuatoriana

Las medidas

Clemente Haro Montalvo

El Presidente de la República se reunió con cien empresarios del país para informarles acerca de las medidas que implementará para enfrentar la crisis que se abate sobre el mundo y que tiene grave incidencia en el país con la baja dramática del precio del petróleo.

Ratificando su estilo confrontacional, el Mandatario inició la reunión haciendo una crítica respecto de los gastos para la importación de bienes que no se consideran esenciales. Así debe ser, pero ocurre la hemorragia de importaciones ha ocurrido precisamente en el régimen de Correa y, por tanto, si esto representa un despilfarro, responsable es quien no lo ha sabido detener o al menos controlar.

Y es que el despilfarro es la característica de este Gobierno que ha basado toda su gestión en la entrega de los grandes recursos del petróleo para adquirir adhesiones que representen votos en los permanentes procesos electorales que ha convocado para implementar esa tontería que llama revolución ciudadana y para gastar en su posicionamiento miles de millones que debieron destinarse para mantener e incrementar un fondo de contingencia que sirviera, precisamente, para enfrentar las consecuencias de la crisis que estamos viviendo.

Las medidas anunciadas en esa reunión, que básicamente comprenden la prohibición de importar determinados productos o la imposición de altos tributos para desalentarla, apunta más que al problema económico, a resolver el de las finanzas del Estado, seriamente afectadas, cuando un flujo inmenso de dádivas y subsidios, drenaron los recursos fiscales y se enfrentan con la imposibilidad de mantener esos generosos obsequios, mientras se llega a la tontería de prometer sus incrementos o duplicaciones como ocurre con el llamado bono de la pobreza o el de la vivienda.

Al parecer la preocupación fundamental del Gobierno se centra en la posibilidad muy cierta de incumplir con el programa demagógico que ha sido la tónica gubernamental y con la cual se han despilfarrado los dineros públicos, como si los precios del petróleo estuvieran garantizados para mantenerse en altas cifras o incrementarse como supuso y afirmó el mandamás venezolano quien profetizó que el barril de crudo llegaría a doscientos dólares y el presidente del Ecuador parece que creyó, ingenuamente, la falsa profecía.

La crisis que envuelve al mundo y específicamente al Ecuador, no es solo financiera o solo fiscal, es una crisis económica y moral en la que se hallan inmersas, desde luego, las finanzas públicas y los sistemas financieros privados y, por tanto, las medidas que se deben adoptar en nuestro caso para hacer frente a la grave contingencia, tienen que mirar la integridad del problema, proponiendo soluciones para intensificar la producción, volviendo a los antiguos cánones de honor y austeridad, implementando recortes del gasto público que reduzcan el déficit enorme que se fija optimistamente en más de mil quinientos millones de dólares, cuando la realidad puede ser muchísimo peor, especialmente si los préstamos esperados no llegan o llegan en proporción inferior al solicitado y la apertura de nuevos mercados en China, Irán y Rusia no funciona contra lo que espera el optimismo oficial, a sabiendas de que varios gobiernos de la última etapa democrática, las dictaduras y regímenes anteriores a esta etapa, hicieron gestiones serias y persistentes para conquistar esos mercados con respuestas negativas o con muy insignificantes resultados.

Se equivocan quienes suponen que la coincidencia ideológica o política impulsará a los regímenes de esos países a abrir líneas significativas para nuestros productos exportables, varios de ellos considerados como suntuarios y se equivocan porque los estados, cualesquiera que sean su postura ideológica o política, se mueven por los intereses que sirvan a sus países.

No solo se han desperdiciado dos años vitales, sino que se han despilfarrado los dineros que debían servir para afrontar las contingencias y se ha cerrado el acceso al crédito con las declaraciones de la deuda ilegítima que si es así, lo que se debía hacer es sancionar a los autores internos de la ilegitimidad y no concederles amnistías desconociendo unos créditos que, con la complicidad de los gobernantes , comprometieron la seriedad del país.

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