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Economía Asiática, Economía Mundial

Una lección aprendida

La actual situación económica tiene similitudes con lo que ocurrió hace 20 años en Japón

Si desea ver el gráfico en PDF haga click en la imagen. SERGI Martrat
DIRECTOR DE ECONOMÍA INTERN. BANC SABADELL
Año nuevo, vida nueva, dice el refrán. En economía, desafortunadamente para los tiempos que corren, el cambio de año natural tiene pocas, sino nulas, implicaciones. De esta manera, este enero continuamos leyendo artículos que hablan de la recesión global y del riesgo de deflación.
Casi todas las economías desarrolladas entraron en recesión durante la segunda mitad del 2008 y es probable que continúen así durante un tiempo. En general, la explosión de varias burbujas inmobiliarias y la crisis financiera están en la raíz de la peor recesión económica mundial que se recuerda desde la segunda guerra mundial.
Por otra parte, la debilidad de la demanda y la caída de los precios de las materias primas han reducido drásticamente los riesgos inflacionistas. De hecho, varios son los economistas que aseguran que ahora nos encontramos ante el riesgo contrario, es decir, de deflación o caída generalizada y continuada de los precios. Sin ir más lejos, algunos miembros de la Reserva Federal estadounidense han reconocido esta posibilidad en fechas recientes.

LLEGADOS a este punto, parece evidente que la actual situación tiene varias similitudes con lo que ocurrió hace unos 20 años en la segunda economía del mundo: Japón. A mediados de los 80, el país experimentó una burbuja bursátil y de activos inmobiliarios. Se cuenta que el Palacio Imperial de Tokio llegó a valer lo mismo que todo el estado de California. La explosión de ambas burbujas causó la “década perdida”, nombre con que se conoce al prolongado estancamiento económico que abarcó prácticamente todos los 90. Las autoridades adoptaron las medidas que acostumbran a recomendarse: recortes de los tipos y diversos paquetes de estímulo fiscal. ¿Por qué no funcionaron estas recetas? Varias son las explicaciones.
En primer lugar, es cierto que los estímulos fiscales tuvieron cierto éxito en un inicio. Sin embargo, el deterioro de las cuentas públicas fue de tal magnitud que pronto comenzaron a aparecer voces defendiendo medidas de rigor fiscal. Así, el Gobierno decidió aumentar varios impuestos (IVA, IRPF) de forma precipitada, ante los primeros indicios de recuperación. Esta decisión, junto a la mala fortuna de un terrible terremoto en Kobe y la crisis asiática de 1997 causaron una nueva depresión.
En segundo lugar, la política monetaria tampoco fue muy efectiva porque los recortes de tipos se produjeron lentamente. En términos reales (que es lo que importa para la inversión), los tipos incluso aumentaron cuando la economía entró en deflación a mediados de los 90. El banco central no adoptó una política monetaria heterodoxa hasta el 2001, más de 10 años después de la explosión de la burbuja.
Una tercera crítica que se hace a las autoridades japonesas es la falta de colaboración entre el Gobierno y el banco central. La máxima autoridad monetaria se mostró reticente a colaborar con el Ministerio de Finanzas ya que temía que pudiera ser interpretado como una pérdida de independencia. Además, le inquietaba la idea de acumular deuda pública en su balance a unos tipos muy reducidos, por las pérdidas contables que ello podría provocarle cuando los tipos subieran.
Por último, cabe resaltar que en el ámbito microeconómico la banca apenas se reestructuró después de la explosión de las burbujas y permaneció infracapitalizada. Ello contribuyó a la parálisis del crédito y limitó la capacidad del banco central para impulsar la economía.
La respuesta de las autoridades a la situación actual está siendo distinta a la de Japón. Desde el inicio, diversos gobiernos han aprobado agresivos planes de estímulo fiscal y se han recortado intensa y rápidamente los tipos. En el ámbito microeconómico, se han realizado numerosas inyecciones de capital a los bancos para evitar una mayor caída del crédito. Además, se observa una estrecha colaboración entre los Tesoros y los bancos centrales, especialmente en EEUU, donde la Fed se ha mostrado dispuesta a adquirir deuda pública. En definitiva, la experiencia japonesa está sirviendo a las autoridades occidentales para evitar caer en los mismos errores.

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