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Pablo Lucio Paredes

Los “misterios” externos

Pablo Lucio Paredes

El Gobierno tiene razón (aunque tarde), ante la crisis tenemos un grave bache externo en varios frentes: petrolero (no nos salvan nuevas amistades como Irán y nos hunde más la OPEP), ventas privadas, remesas y menores flujos de capitales y de financiamiento. Pero identificado el problema, las soluciones van en la dirección incorrecta.

1) Ya antes de la crisis teníamos un diagnóstico errado de la balanza externa. Según el Gobierno: “hay un enorme déficit no petrolero que por suerte se financia con el petróleo y las remesas”. Según eso, importábamos mucho y exportábamos poco porque no somos competitivos, pero “había esos dos rubros milagrosos para salvarnos, sino…”. La realidad es diferente “porque teníamos un alto ingreso generado por el petróleo y las remesas, y lo gastábamos, es que importábamos mucho”. Es como si alguien recibe todos los meses regalos excepcionales de sus dos abuelitas, el resultado es más ingreso, más gasto (a no ser que ahorre) y en consecuencia un mayor déficit que es justamente financiado por el aporte de las abuelitas.

2) La lección es que los excedentes o déficits entre exportaciones e importaciones no se deben a los propios montos exportados o importados, tienen como origen un desbalance macroeconómico. Los países que en conjunto gastan más que su nivel de ingreso tienen un déficit que se mantiene si encuentran financiamiento: Estados Unidos con el aporte de ahorros de todo el mundo, o el Ecuador hace poco con remesas y petróleo. Y los países muy ahorrativos tienen superávits externos, China.

3) Lo que hemos perdido es una parte de nuestros ingresos (exportaciones privadas) y muchas fuentes de financiamiento, a las abuelitas: petróleo, remesas y otros préstamos y capitales.

4) Esto solo se puede corregir de dos maneras. O conseguimos fuentes alternativas de financiamiento, lo cual es improbable: uso de nuestras reservas (lo hemos hecho pero sin medida, ya nos hemos “comido” más de 2.000 millones en apenas tres meses), préstamos externos (pero el no pago de deuda u otras actitudes van en dirección contraria… ¡salvo los 40 millones de Irán!) o inversiones (que hemos alejado durante dos años). O aceptamos hacer un ajuste para cerrar la brecha entre ingreso (que ha bajado) y gasto (empezando por el gasto público que ha crecido desmedidamente, y no por el gasto privado como se pretende).

5) Lo que menos sirve es cortar importaciones. Oía a un miembro del Gobierno decir “lo mismo hicieron Estados Unidos hace años con las cuotas textiles y los autos”. Lo que no sabe nuestro Ministro es el resultado: el déficit norteamericano siguió creciendo. Al cortar las importaciones discrecionalmente, se generan efectos que van en contra de las medidas: salen capitales, se importan otros productos, hay más contrabando, menos exportaciones, no se estimula ni el gasto ni la producción interna.

Debemos aceptar la realidad y hacer un ajuste global paulatino entre ingreso y gasto que afecte lo menos posible a los que menos tienen, y dejar que en ese marco las personas decidan qué compran y qué dejan de comprar, y no recibir imposiciones estatales.

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