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Ahorrar

Emilio Palacio

Rafael Correa se quejó el otro día de que las importaciones siguen aumentando de manera irracional, y tiene toda la razón. El incremento en la compra de teléfonos celulares o caramelos chinos, por ejemplo, es pasmoso. ¿Pero qué quería el señor? Eso es lo que ocurre cuando se regala dinero como limosna en lugar de crear fuentes de empleo.

Bono de la pobreza, bono de la vivienda, obsequios en cada pueblo, ese nunca será un dinero bien empleado. El consumo individual puede ser lo menos racional que existe. Pero esos son conceptos que el economista teórico desconoce.

Las primeras medidas que yo propondría ante algo así supongo que serían las de suspender la importación de tanto armamento militar, o reducir drásticamente el presupuesto de publicidad oficial, o cancelar varios viajes del Presidente.

Otras maneras de ahorrar que se me ocurren: deshacerse de todos los ministerios y supraministerios que se crearon; importar para el periódico gobiernista solo el papel de los periódicos que vende (y no el de los que regala); o mostrar una lista de obras que nunca debieron considerarse, como la refinería venezolana en El Aromo.

Pero lo que ha ordenado el Presidente, por el contrario, es encarecer las importaciones de celulares, perfumes y ropa que compran los consumidores ecuatorianos.

Adam Smith, padre de la economía, no descartó nunca la posibilidad de contener las importaciones. Como buen inglés, era ante todo un empírico (si funciona, hay que utilizarlo), de tal modo que aunque defendía incondicionalmente el libre mercado, sabía también que cada enfermedad requiere de su propia estrategia.

Es allí, precisamente, donde patina la propuesta de Correa, porque ninguna de las medidas que propone son parte de una estrategia coherente. Cerramos las fronteras, muy bien, ¿y luego? ¿Con eso nuestra industria comenzará a producir a lo grande? Semejante forma de razonar es infantil. En muchas otras ocasiones el Ecuador cerró sus fronteras pero el desarrollo fabril no varió. Ahora ocurrirá lo mismo, porque falta una concepción del tipo de economía que queremos. Así que durante un tiempo los aranceles caros solo servirán para que haya más escasez y más inflación; luego, este mismo Gobierno o el siguiente derogará la medida y la industria y el desempleo seguirán igual.

Lo que ocurre es que a Correa le importa un pito el aparato productivo. Su prioridad es sencillamente la de contar con suficientes dólares para conservar al electorado. Por eso cierra las importaciones y no por otro motivo, además de meterle la mano al dinero de los afiliados al IESS.

A propósito, no sé si se han percatado de cuán parecido es todo esto a los últimos meses de la Presidencia de León Febres-Cordero. En aquella ocasión la ruptura del oleoducto dejó al Gobierno sin dólares. Para conservar popularidad, el Presidente se volvió populista, suspendió los pagos de la deuda externa y emitió dinero. Pero como todo eso no respondía a ninguna estrategia económica sino a un afán puramente político de comprar tiempo y votos, el desbarranco económico y social continuó, y ya sabemos cómo concluyó aquella historia.

Nota: En mi artículo del domingo (“Comida”) escribí “albarranas” por “albarradas”. Pido perdón por el error.

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