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Jacobo Velasco Molina

¿Y si desdolarizan?

Por Juan Jacobo Velasco

El tema económico de estos días es la salida de la dolarización. Pareciera una lotería: nadie queda al margen de la discusión y de la especulación sobre cuándo, cómo y bajo qué alternativa se haría. Poca duda cabe de los costos políticos para el Gobierno, si la implementa, y del harakiri que significaría hacerlo antes de abril. Tampoco hay mucho espacio para especular con el peso de la crisis que se avecina. El antecedente de 1999 y unas expectativas cada vez más fuertes sobre la imposibilidad de mantener el gasto fiscal con un precio del barril debajo de los $20, abren un espacio enorme para el juego contra la dolarización. Rafael Correa (RC) no contribuye mucho cuando ora dice que la crisis no lo afectará, ora que sí.

El hecho es que la desdolarización se avecina más rápido gracias a que las expectativas sobre la salida del sistema se alinean y aumentan, la crisis triza el Presupuesto fiscal y RC da unas vueltas de carnero increíbles, dando la impresión de que con su fidelidad a la dolarización puede pasar algo similar. ¿Cómo se expresa la anticipación desdolarizadora? En el aumento de las cláusulas contractuales que incorporan dicha posibilidad para que los contratos de compra-venta, los créditos y los arriendos, al desdolarizarse, puedan seguir pagándose en dólares. El lío que se avecina será, además de económico, legal. Uno entiende que para evitar la pérdida del valor, los contratos entre privados mantengan su valor original en dólares. Pero si el Gobierno quiere tener alguna opción de legitimidad si desdolariza, los activos y pasivos monetarios deberían pasar a la nueva moneda. Si bien, con la Constitución y el poder estatal a su favor, la nueva institucionalidad económica debería operar automáticamente, esto dependerá de qué tan rápido se aplique -lo que no queda claro porque es pasar de una situación de certidumbre (dólar) a una de incertidumbre (nueva moneda), al revés de 2000- y de qué tan dispuesta a perder valor por sus activos está la ciudadanía.

En el plano económico, desdolarizar implicaría inflación al alza porque habría un aumento del tipo de cambio. A menos de que la cotización esté fija o haya restricción al uso del dólar, como en Venezuela. El primer caso implicaría un tipo de cambio flexible, sin pérdida en reservas internacionales pero sí mucha especulación. El segundo caso implicaría sostener un tipo de cambio fijo a punta de la pérdida de reservas y solo postergando el colapso en un año en el que las divisas escasearán por la crisis y la incertidumbre. La boya política de RC sería echarle toda la culpa a la crisis. Y lavar el cerebro popular con publicidad. ¿Bastará?

velascoj@hoy.com.ec

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