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Dolarización, Moneda Centroamericana, Moneda MERCOSUR, SUCRE

Vuelta al agnosticismo

John C. Edmunds Doctor en Administración de Empresas de la Universidad de Harvard, profesor de finanzas de
Babson College en Boston y coautor de Wealth by Association.

La vida sigue haciéndose más complicada para los inversionistas internacionales. Su último dolor de cabeza es el reciente desvanecimiento del euro, ante lo cual su instintiva respuesta es arremangarse la camisa y tratar de descifrar qué diablos pasará con él.

Pero no hay por qué gastar tanta energía mental en el euro, ni en desentrañar el dilema surgido ante un reapreciado dólar. De hecho, los inversionistas podrían hacer avioncitos de papel con los miles de reportes sobre las dos principales divisas del planeta amontonados sobre sus escritorios y asumir un agnosticismo sobre los subibajas de la relación de intercambio €/$. Podrían aprovechar la coyuntura para tomar una perspectiva totalmente fresca del fenómeno de las monedas y, de paso, dar una mirada seria a varias monedas latinoamericanas.

El propósito de su escrutinio sería evaluar si las divisas de la región son capaces o no de conservar valor, uno de los roles clásicos que los teóricos atribuyen al dinero. Hasta ahora, las monedas latinoamericanas no han sido capaces de cumplir con ese objetivo, por lo que astutos inversionistas internacionales las ven como simples fuentes de especulación, comprándolas sólo cuando una razón específica surge, pero manteniéndolas en el portafolio con la misma precaución que uno tendría con una granada de mano. Tras vender, el astuto inversionista vuelve a monedas serias, como el franco suizo.

Pero una mirada agnóstica podría llevarlos a reposicionar varias monedas de la región en sus mentes, y clasificarlas con grado de inversión, dándoles una ponderación permanente en sus portafolios. Esto agregaría un paso adicional a su actual proceso de asignación de activos, en el que cada inversión es simplemente monitoreada por su rendimiento frente a una moneda de referencia. La mirada agnóstica minimizaría esta idea de una moneda de referencia y llevaría a los inversionistas a manejar la ponderación de divisas en sus portafolios, de la misma manera que lo hacen con las ponderaciones de sectores industriales. De esta manera, en promedio, mantendrían mayor variedad de divisas y dependerían menos del alza o caída de una en particular.

Imaginen el efecto que tendría en el crecimiento latinoamericano si los inversionistas internacionales decidieran asignar, por ejemplo, el 10% de sus inversiones en monedas de la región. En este caso, cuando ellos venden un papel latinoamericano, pero no han decidido qué otro papel comprar en su reemplazo, mantendrían la moneda latinoamericana, poniendo ese dinero temporal en instrumentos de mercado monetario de la misma denominación. Aunque el proceso de comprar otro activo concluya con la venta de la moneda latinoamericana, el inversionista la habría mantenido por más tiempo.

¿El resultado? Inversión de portafolio permanente. La frase suena casi como un oxímoron, debido al capricho con que se han movido las inversiones de portafolio en el pasado y su usual zambullirse y escabullirse, sin contar con el peligro que implica depender de ellas.

Pero, ¿qué pasaría si la inversión de portafolio fluyera de manera continua? Por ejemplo, ¿cuál sería el efecto si el banco central de China anunciase que va a comprar 5.000 millones de reales en bonos brasileños cada mes y que va a mantener parte de sus reservas internacionales en papeles brasileños en el futuro predecible? Esa movida tendría sentido desde el punto de vista chino, porque fortalecería una relación estratégica, ganaría retornos positivos sobre esas reservas, y daría cierto alivio a su dilema de qué hacer con su creciente pila de securities denominados en dólares.

El efecto en la economía brasileña sería muy positivo. Las tasas de interés ajustadas por inflación declinarían, y muchos nuevos proyectos de capital podrían encontrar financiamiento. El valor de las empresas en marcha subiría, así también como la bolsa de valores.

El agnosticismo de los inversionistas podría hacer de la inversión de portafolio una adecuada fuente de capital para varios países latinoamericanos. Los obvios son el peso mexicano, que ha venido actuando como una moneda seria durante la última década, y el peso chileno. Clamando por atención están el real brasileño, el peso colombiano y el sorpresivo sol peruano.

Por supuesto que es razonable ser cauteloso con la inversión de portafolio. Y el escenario de China con el papel de deus ex máchina es muy extremo como para servir de ejemplo representativo. Pero para propósitos de esta discusión, deje de lado su instintiva aversión a la inversión de portafolio extranjera y considere la reciente resbalada del euro. Lo verá como un golpe de suerte para los países latinoamericanos. El euro ha sucumbido a una crisis de identidad y puede no recuperarse por un tiempo, dejando el campo abierto para nuevos jugadores

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