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Walter Spurrier Baquerizo

Nuevo Orden Internacional

Walter Spurrier Baquerizo

La crisis internacional genera gran emoción en la izquierda radical mundial.
Los radicales expresan su convicción –¿anhelo?– que traerá el colapso del sistema político-económico liberal, basado en la libertad del hombre y el libre emprendimiento, a ser remplazado por el socialismo, donde las libertades son de entes colectivos –no del hombre– y no hay propiedad de medios de producción.

Bajo esta visión el colapso de la Unión Soviética, que llevó al filósofo estadounidense Francis Fukuyama a proclamar el fin de la historia, fue una victoria pírrica, pues la etapa de dominio absoluto del ideal liberal duraría solo veinte años.

Según Fukuyama, la caída de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) demostró que el liberalismo es el mejor sistema; que la tesis de Marx, que el socialismo vendría después del liberalismo, estaba equivocada: el liberalismo puso fin a la evolución de sistemas socioeconómicos.

Hay una base filosófica para la esperanza marxista: Marx siempre pensó que el socialismo surgiría en los países más avanzados, entonces Alemania e Inglaterra, por lo que no resultaría en marcha atrás en las libertades del hombre. El triunfo del socialismo en Rusia, y en particular el estalinismo apagó el fervor socialista en Occidente, sobre todo a partir de 1956, cuando Khrushchev reveló al mundo los crímenes de Stalin. Bajo esta tesis, hoy estaría abierto el camino para que surja el socialismo en los países avanzados.

Otros, como Hugo Chávez, el presidente iraní y Rafael Correa, anticipan el eclipse de Estados Unidos y el surgimiento de un nuevo sistema político internacional en el cual hay varios países o bloques de poder semejante. Un profesor ruso se ha hecho famoso en su país pronosticando que este año Estados Unidos colapsará en siete entidades distintas que caerán dentro de la esfera de influencia de otros países.

Detrás de esto hay más deseo que análisis. Cierto es, Estados Unidos va a perder su posición de absoluto primer poder mundial. Pero eso era inevitable. Ningún otro país estuvo satisfecho con ello, e incluso la Unión Europea tomó sus distancias. Con el absoluto poder vienen responsabilidades. Estados Unidos mantiene un gasto militar excesivo que le resta competitividad; no lo hacen ni la Unión Europea ni Japón.

Se viene un sistema internacional en que otros países ganan importancia: China y la India, más de mil millones de habitantes cada una, con economías en crecimiento; Brasil, por destacarse por su tamaño dentro de América Latina y buen desempeño económico.

Se rescata la herencia de Keynes y se relega la de Thatcher y Reagan, Hayek y Friedman. Estados Unidos con Obama emulará a Roosevelt; estimulará la economía vía la enorme inversión pública.

Los mercados financieros serán más regulados: quizá Wall Street no vuelva a ser lo que fue.

Hay peligro de proteccionismo, que particularmente afectaría a los países por industrializarse.

Pero los derechos de las personas, y la libertad de emprender, no serán reemplazados, al menos en los países centrales, por la subordinación del hombre a un aparato totalitario que se erija en intérprete del pueblo.

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