//
estás leyendo...
Pablo Lucio Paredes

Lecciones de época turbulenta

1) Esta es esencialmente una crisis del sistema monetario global (impuesto por los estados). Similar al pasado. La depresión de 1929 se originó no en el patrón oro (monedas respaldadas por oro) sino desde 1922 en el “Gold Exchange Standard”: monedas respaldadas por dólares a su vez sustentados en oro. Y desde 1971, peor aún, vivimos un sistema sin ancla: los mismos dólares generan al mismo tiempo una doble (o múltiple) pirámide crediticia, en el país que los recibe y en Estados Unidos (Estados Unidos compra a la China con los mismos dólares que la China luego deposita en Estados Unidos), así, no es necesario ajustar el poder adquisitivo del país emisor cuando se tienen déficit importantes. Esto genera excesos monetarios, especulación, inflación de activos y luego catástrofe.

2) La crisis de 1929 no se resolvió básicamente por el aumento keynesiano del gasto público sino vía retorno patrón oro, cuando Estados Unidos subió el precio del oro de 20 a 35 dólares la onza. Se reajustaron los precios relativos y la economía encontró su rumbo. Las soluciones de hoy son peligrosas: inyectar masivamente recursos monetarios y fiscales. Se siguen generando más desajustes de precios relativos, las tasas de interés desaparecen como indicador de mercado, y se evita que malas inversiones sean calibradas a su valor real. ¿Cómo pueden recuperarse las economías cuando nadie puede determinar el valor real de las cosas?

3) Los mercados son espacios de interacción libres entre personas. Tienen todos los defectos de las organizaciones humanas sobre todo engaño, avaricia y búsqueda de poder, pero poseen la incomparable fortaleza de la creatividad y capacidad de resolver complejidades. Sobre todo, los defectos de los mercados nunca pueden generar problemas agregados y globales, sino únicamente localizados a ciertas áreas, y solo se convierten en agregados cuando las autoridades estatales eliminan las restricciones intrínsecas de los mercados, manipulando los sistemas monetarios y fiscales.

4) En el país. El Gobierno no es responsable de los problemas externos pero sí de su impacto. Era irresponsable haber aumentado el gasto en el 100% contando con un petróleo por encima de 100 dólares, y casi sin fondos de liquidez para respaldar una caída (fondos que se han agotado en tres meses).  Será aún más irresponsable estimar un crudo ecuatoriano por encima de 60 dólares para mediados del 2009 y por ende intentar ganar elecciones y mantener el gasto público “raspando la olla” del IESS, deuda y depósitos bancarios. La irresponsabilidad no puede ser de todos.

5) En el país. La incesante búsqueda de que las organizaciones estatales (caso Petroecuador) funcionen eficientemente choca siempre con problemas de incentivos y de derechos de propiedad. Cuantas más órdenes y críticas emanen de la autoridad superior, más dislocado se torna el sistema porque se traslada hacia arriba la decisión y todos esperan que esta ordene para actuar. No basta ordenar sin incentivos de mercado. El Estado debe cumplir su rol de crear un entorno de regulación, certezas y justicia para que los privados puedan actuar eficientemente (y ser sancionados cuando lo ameritan). ¡Unos cuantos gritos no arreglan los problemas!

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: