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Moneda Centroamericana, Moneda MERCOSUR, SUCRE

Banco del Sur: Hacia la autonomía financiera

Raúl Zibechi | 15 de junio de 2007

El lanzamiento del Banco del Sur es una de las más ambiciosas jugadas a favor de la integración regional, a la que puede dar un impulso como banco para el desarrollo. Pese a las dudas de Brasil, la nueva institución está lista para el despegue.

“Positivo” sentenció Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, en una reciente disertación en Buenas Aires ante la Asociación Empresaria Argentina. Argumentó que de esa manera los países del Sur se podrán ayudar mutuamente porque “en los mercados emergentes el problema es la falta de financiación a largo plazo y los bancos de desarrollo han sido exitosos en llenar ese vacío”.

El Banco del Sur comenzará a operar en 2008 pero su presentación en sociedad, si no hay complicaciones a última hora, está prevista para la próxima cumbre de presidentes a realizarse el 26 de junio en Venezuela. El acuerdo final, luego de más de dos meses de negociaciones, se alcanzó entre seis países—Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Ecuador y Venezuela—el 22 de mayo pasado en Asunción, Paraguay. Para diferenciarse de las instituciones financieras globales como el Banco Mundial y el FMI, cada país tendrá un voto independientemente del dinero que aporte.
Los primeros pasos

La propuesta inicial correspondió al presidente venezolano Hugo Chávez y poco después se le sumó el argentino Néstor Kirchner. El primer paso fue lanzar el desafío. Esto lo hicieron conjuntamente Chávez y Kirchner el 21 de febrero en Puerto Ordaz, Venezuela, cuando se puso en funcionamiento el primer pozo de explotación de crudo encarado por las empresas estatales Energía Argentina S. A. (Enarsa) y Petróleos de Venezuela S. A. (Pdvsa).

La propuesta es crear una institución que sirva para financiar de manera más rápida, efectiva y de modo más independiente que otros bancos de fomento los proyectos regionales de desarrollo. Hasta ahora existen dos bancos regionales. El Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata), integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, que tiene activos por apenas 410 millones de dólares. El otro es la Corporación Andina de Fomento (CAF) que cuenta con 10.500 millones para inversiones en infraestructura. Ambos están relacionados al Banco Mundial y al FMI, y manejan idénticos criterios.

Durante la Reunión Anual de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), realizada en marzo de 2007 en Guatemala, los ministros de Economía de Argentina y Venezuela avanzaron en la búsqueda de definiciones técnicas y en los objetivos de la institución a crear. A principios de mayo representantes de los seis países llegaron a un acuerdo conocido como Declaración de Quito en el que deciden la creación del Banco del Sur en el primer semestre de 20071. Decidieron además crear un Fondo de Estabilización para ayudar a los países que sufran ataques especulativos de las finanzas globales y desarrollar una moneda única regional. Pero lo más importante fue la incorporación de Brasil.
Dificultades y obstáculos

Como puede observarse por la lista de países comprometidos en el Banco del Sur, faltan dos que están gobernados por partidos o fuerzas que se reclaman progresistas o de izquierda: Chile y Uruguay. El primero tiene un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y mantiene una compacta política neoliberal. El segundo, aunque es miembro pleno del Mercosur, tiene serias divergencias con sus vecinos Brasil y Argentina. Con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva por razones comerciales y porque Brasilia se niega a aceptar que un socio comercial firme un TLC en solitario con Estados Unidos. Con Argentina las diferencias están focalizadas en el conflicto por las plantas de celulosa en la ribera del fronterizo río Uruguay.

La segunda dificultad radica en las diferencias de enfoque de Brasil. Este país cuenta ya con un banco de desarrollo (el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), y por lo tanto no necesitaría la creación de nuevo organismo financiero regional. A esa nueva estructura Brasil tendría que aportar quizá más dinero del que pudiera recibir, ya que el BNDES dispone de más fondos que los demás organismos regionales incluyendo al BID2. Por eso prefiere que se reactiven las instituciones financieras ya existentes.

Pero los problemas son más políticos que económicos. En mayo surgieron dos posiciones: la de los ministros de Economía de Argentina y Venezuela y la de los ecuatorianos. Ambos elaboraron documentos que reflejan las diferencias. Según uno de los redactores del documento ecuatoriano, el de Argentina y Venezuela no contempla la protección al medio ambiente y las políticas culturales y educativas, y defiende que cada país tenga derecho al voto en forma proporcional al aporte económico realizado. Pero la mayor diferencia consiste en que buena parte de los estatutos son “una reproducción de los estatutos del BM, el FMI y el BID”3.

Por su parte, el documento presentado por Ecuador propone tres instrumentos: un Fondo Monetario Regional, un Banco del Sur y una moneda regional. Este texto parte de que el objetivo del banco consiste en buscar “implementar herramientas económicas que deben servir para garantizar la aplicación de los derechos humanos fundamentales”4. Según esta orientación, los interlocutores del Banco no deben ser las grandes empresas sino los estados y le debe prestar dinero “al sector publico, a pequeños productores, a las comunidades locales, a los municipios, a las provincias”5.

Por último, el Banco del Sur no debería ser un “mastodonte” como el Banco Mundial que tiene 13,000 empleados, y debería rendir cuenta todos los años de su funcionamiento y su actividad. Para ello debe producirse una discusión parlamentaria pública de modo que la población tenga acceso a las actividades del Banco y puede hacer un seguimiento del uso de recursos que provienen de los impuestos que pagan todos los ciudadanos.

Las dos concepciones sobre el Banco del Sur son francamente opuestas y no parece fácil que pueda llegar a consenso. De todos modos, algunas de las iniciativas presentadas por Ecuador, como el voto igualitario, han sido aceptadas por todos. Aún falta definir si será un banco para salvar situaciones de crisis, como el FMI, o un socio para impulsar el desarrollo. Brasil y Argentina trabajan en la idea de que en los próximos cuatro años pueda crearse una moneda única del Mercosur. Este año ambos países comenzarán a realizar el intercambio bilateral en sus propias monedas. En todo caso, parece evidente que la creación y la consolidación del Banco del Sur va a depender de la voluntad de los gobiernos de la región. Y esto se relaciona con la continuidad de las actuales orientaciones en la mayor parte de los países, cosa que no parece segura sobre todo en el caso clave de Brasil.
Una nueva arquitectura financiera

El documento base del Banco del Sur aspira a generar una arquitectura financiera que otorgue a la región mayor autonomía del mercado internacional de capitales. “Romper con el círculo vicioso en el financiamiento a la región que supone poner nuestras reservas en bancos del Norte a tasas de interés que son inferiores a las que nos cobran mediante los organismos que manejan a la hora prestarnos”, señala el documento6. En suma, el nuevo banco busca el doble objetivo de zafar del control de los países del Norte y del mercado de capitales. Los seis países que integran el Banco tienen depósitos de 164 mil millones de dólares en el Norte.

De alguna manera el Banco del Sur forma parte de los procesos de toma de distancia del neoliberalismo que se vienen registrando en buena parte de los países de la región, con intensidades y ritmos diferentes. Recordemos que a lo largo de 2006 tanto Brasil como Argentina cumplieron anticipadamente sus compromisos con el FMI y comenzaron a poner distancias reales de ese organismo. En marzo pasado, los once países de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) se propusieron crear un Fondo de Estabilización Regional como forma de prevenir ataques especulativos contra las monedas nacionales, con un fondo de 5,000 millones de dólares7. Según los países miembros de la CSN, es una forma de evitar la dependencia del FMI en situaciones de crisis, creando un mecanismo complementario del Banco del Sur.

Sin embargo, para que el banco consiga sus objetivos deberá no sólo inscribirse en la nueva relación de fuerzas regional, sino combatir los efectos de dos décadas de apertura económica y desregulación. El neoliberalismo no es sólo una propuesta económica sino que abarca todos los aspectos de la sociedad. Por eso el Banco del Sur no puede limitarse a competir con el BID, el Banco Mundial y la CAF a la hora de financiar proyectos para el desarrollo, sino que debe cuestionar las nociones que conforman el núcleo del concepto de desarrollo tal como lo entienden esos organismos8.

En primer lugar, trabajar contra el proceso de financierización del planeta que es una de las principales características del neoliberalismo. En paralelo, el tipo de desarrollo a impulsar debe estar vinculado a la soberanía de los pueblos y a la integración, que no pueden asentarse en el libre mercado sino en relaciones igualitarias y fraternas entre pueblos, regiones y naciones. Por lo tanto, la financiación de grandes obras de infraestructura, que es uno de los principales objetivos de todos los bancos en nuestra región, debe dar prioridad a un desarrollo endógeno. Hasta ahora, cuando se habla de infraestructura se piensa en la mejor forma de conectar nuestros países con los mercados globales para colocar los recursos naturales a disposición de las multinacionales y los mercados de los países del Norte.

En ese sentido, el economista argentino Aldo Ferrer señaló que “el Banco no debería ser concebido como un FMI alternativo para operaciones puramente financieras, sino como un banco de inversión y cambio tecnológico, incluyendo programas sociales”9. La cuestión energética será una de las prioridades del nuevo banco y uno de sus primeros proyectos a financiar puede ser el Gasoducto del Sur, que unirá Venezuela con Argentina pasando por Brasil. Será una obra de integración regional, en la que el gas no estará destinado a los mercados del Norte sino al desarrollo de los países.

Por último, el Banco del Sur puede jugar un papel decisivo a la hora de restañar el tejido institucional herido por el neoliberalismo. Para poder implementar este modelo, sus principales beneficiarios—grupos financieros y monopolios—debilitaron y desmantelaron los estados nacionales. Recuperar la capacidad de regulación y control de los estados de la región puede ser una de las tareas asignadas a la banca regional10.

Son estas las cuestiones que están en el centro de la agenda regional. El Banco del Sur no está destinado a ser un objetivo en sí mismo sino apenas una herramienta para profundizar los cambios en marcha. Esta es su principal potencialidad: para ello nace y a esos objetivos se subordina.

Será, por lo tanto, un banco diferente: sus miembros no deben aspirar a hacer carrera personal; sus fondos no estarán destinados a acumular ganancias sino a ponerse al servicio de las necesidades de los pueblos y de los excluidos.
Notas

1. La Declaración de Quito puede leerse en http://www.cadtm.org.
2. EL BNDES dispone de 120 mil millones de dólares para invertir en Brasil mientras el BID cuenta con 100 mil millones para toda la región.
3. Véase el artículo de Eric Toussaint, quien ha sido co-redactor del documento ecuatoriano.
4. Idem.
5. Idem.
6. La Nación, 25 de marzo de 2007.
7. Página 12, 17 de marzo de 2007.
8. Véase Pablo Dávalos, ob. cit.
9. Agencia Periodística del Mercosur, 26 de mayo de 2007.
10. Idem.

Raúl Zibechi es miembro del Consejo de Redacción del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Es colaborador mensual con el Programa de las Américas

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