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ANTE UN NUEVO ESQUEMA MONETARIO INTERNACIONAL

Artículo publicado en Clarín el 16 de noviembre de 2008 en Suplemento Eco.

Roberto Feletti Coordinador Técnico del Grupo de Trabajo de Integración Financiera de la UNASUR.

El contundente triunfo de Barack Obama expresa el afán de reformular, sepultando elmundo de la expansión financiera desregulada, el multilateralismo emergente en el final dela Guerra Fría previamente al emanado de Bretton Woods –allá por finales de la Segunda Guerra Mundial.Ambos esquemas tuvieron al dólar estadounidense como proveedor casi exclusivo de laliquidez internacional, pero su funcionamiento como moneda de reserva difiriósustancialmente. El esquema alumbrado a finales de la Guerra Fría, produjo la expansión de la base monetaria norteamericana sin correlato con la expansión de la economía real(410%). Esto a su vez, acompañado de modelos basados en la apertura internacional al flujo de capitales, desregulación para la aplicación de los fondos y bancos con requisitos decapital mínimo y sin control del apalancamiento, medidas suficientes para desarrollar cualquier tipo de operaciones especulativas. La fuerte expansión monetaria acompañada de bajas tasas de interés en relación al índice deprecios de los distintos bienes, sostenida durante una década y media, solo podía derivar enun fuerte incremento de los precios de los activos reales que compensaban la amplia ofertade dinero disponible. El índice Dow Jones alcanzó 14.200 puntos en el año 2007 respecto a los 7.200 puntos de una década y media atrás, para pasar a cerrar en 8.870,94 unidades el día 10 de noviembre de 2008. El acelerado aumento de precios desligó el valor de estos activos de su demanda real,haciendo explotar las burbujas con la consabida destrucción del capital financiero. El desequilibrio del sector externo y del sector público de los EE. UU fueron los canalesque diseminaron liquidez por el mundo. Una década y media de expandido consumonorteamericano, alentó enormes niveles de comercio internacional, burbujas de precios endiferentes activos y superávits espejados que permitían traccionar la demanda interna localen las naciones emergentes. Hoy nos hallamos ante la necesidad de afrontar varios problemas, tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes. El primero, la pérdida de liquidez internacional y ladestrucción masiva de activos financieros; el segundo la insuficiencia de demanda para laoferta existente de activos (acciones e inmuebles) y; el tercero, el final de los modelos de desarrollo en los países emergentes sustentados en una abultada demanda externa enrelación a sus respectivos productos brutos internos. La crisis financiera internacional estimula la recreación un nuevo patrón monetario cuyopoder cancelatorio como moneda de reserva no respalde elevados volúmenes de flujosfinancieros y comerciales, sino que se asiente en la capacidad de demanda de los distintosmercados internos nacionales. Es decir que, el cambio de política monetaria futuro, debeatender a la recreación de moneda doméstica compatible con el sostenimiento de lademanda interna, único camino para evitar una profunda recesión. Para EE.UU. la sustentabilidad del nuevo esquema de política monetaria se basa endisminuir sus déficit externo y fiscal, reduciendo importaciones, incrementando impuestos a los sujetos de mayor capacidad contributiva y reasignando gastos desde el rubro de defensa a infraestructura, salud y protección social en general. En el caso de Europa, el sostenimiento de la zona del euro dependerá de la capacidad de la región de sustituir las exportaciones, sobre todo alemanas, por un mercado interno regional amplio e integrado, loque implica a su vez una pérdida de peso específico del euro como moneda de reservainternacional. El desafío más grande se encuentra en la capacidad que puedan exhibir los países menosdesarrollados de sostener su crecimiento, a pesar de las restricciones externas – crediticias ycomerciales-, modificando su política monetaria ligada a la oferta de divisa neta ingresadaal país, y traducida en acumulación de reservas, por la aparición de monedas domésticasmás sólidas, cuyo respaldo de valor sean los bienes y activos generados en cada país. La posibilidad para estas naciones en fuerte crecimiento de no caer en recesión a partir delos cambios que ocurrirán en el patrón monetario mundial y por ende en el comercio,dependerá de la ampliación al máximo posible de sus mercados internos, de la capacidad definanciar políticas públicas de expansión apelando a una moneda doméstica más autónomade la oferta de divisas y, por lo tanto, a un Estado con mayor capacidad de reasignar recursos en la economía nacional en el marco del mercado global. Si se avanza en la lógica en la que el mercado interno debe sustituir la demanda externa,como modo de evitar la recesión, emerge la necesidad de acelerar la consolidación de bloques regionales capaces de ensamblar sus economías a partir de cierto grado decomplementariedad, sobre todo en el plano energético y alimentario. Para la recientemente creada Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), el actual contexto de crisis separece más a una oportunidad histórica de integración regional – no para exportar, sino paraampliar sus mercados internos-, que a una catástrofe financiera mundial. El problema, en su dimensión monetaria, debe ser comprendido del siguiente modo. Eldólar continuará siendo una reserva de moneda internacional, pero su revaluación es producto del cierre de sus desequilibrios actuales y su capacidad de financiar políticasexpansivas de su mercado interno, y no para proveer liquidez al mundo. El euro se veráafectado en su capacidad de dar liquidez a la eurozona por la caída de sus exportaciones ypor lo tanto deberá orientarse más a ser una moneda doméstica regional, que una divisainternacional (esto explica su reciente depreciación). Finalmente, los países emergentesdeberán ser capaces de tener una política monetaria autónoma de la oferta de divisas,recreando monedas locales basadas en los bienes y servicios de sus economías nacionales, integrándose en bloques regionales que balanceen sus demandas de insumos. Este escenario de reformulación monetaria en transición, también obliga a un nuevomultilateralismo, que inicialmente será de alcance regional y que a su vez surgirá deacuerdos bilaterales compensados. Instituciones multilaterales de crédito que reemplacen laantigua abundancia de mercados líquidos, y a la vez instituciones multilaterales de pagos que permitan aplicar moneda local a intercambios regionales compensados y racionar el uso
de divisas internacionales escasas, serán desafíos del nuevo tiempo, esencialmente para lasnaciones menos desarrolladas, pero en fuerte crecimiento.

Roberto Feletti Coordinador Técnico del Grupo de Trabajo de Integración Financiera de la UNASUR.

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