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Moneda MERCOSUR

Las desventajas de adoptar la canasta de monedas

Por Aldo M. Abram
Para La Nación

Para analizar los beneficios o no de pasar de una convertibilidad contra el dólar a otra respecto de una canasta de monedas es bueno saber cómo llegamos a la primera y qué determina el crecimiento económico en la Argentina.

La primera pregunta se responde entendiendo que un país tiene inflación cuando su gobierno emite más moneda de lo que la gente quiere. Como con todo aquello de lo que hay exceso de oferta, el valor y los precios de todos los bienes y servicios que se miden contra ella suben. En tanto, un país tiene hiperinflación cuando la gente, cansada de que la estafen depreciándole la moneda, deja de demandarla. Por lo tanto, su valor tiende a cero y todo los precios que se miden contra ella, a infinito.

La Argentina tuvo tres hiperinflaciones. Cuando apuntaba a la cuarta, en febrero-marzo de 1991, el entonces ministro Domingo Cavallo comprendió que, si quería estabilizar el país, debía darle a la gente la moneda que demandaba, es decir, la divisa estadounidense. Por eso, con la convertibilidad creó un peso (en ese entonces 10.000 australes) que, en realidad, es un “vale” por un dólar que guarda el Banco Central de la República Argentina. La gente tiene pesos porque confía en que es cierto que el equivalente en dólares está disponible. Por lo tanto, podemos decir que tenemos una “dolarización disfrazada”.

¿Cuál es la ventaja de tener una convertibilidad contra una canasta de monedas? En principio, si la composición de dicha canasta es igual a la de los destinos de nuestras exportaciones, las variaciones de los valores de las divisas que la componen tienen un menor impacto sobre la competitividad del país. Sin embargo, en la Argentina, solamente el 10 % de la producción son exportaciones.

En tanto, el 90% restante depende de la demanda interna, es decir del consumo y de la inversión. Por ello, el crecimiento económico depende de la confianza. A más credibilidad en el país, mayor el ingreso de capitales que permite gastar más a los argentinos y mayor la propensión a invertir y consumir. Por lo tanto, la demanda interna crece fuertemente arrastrando la producción.

La convertibilidad tiene un factor de riesgo cambiario que es la existencia de dos unidades de cuenta distintas, el peso y el dólar, cuyo valor podría ser modificado cambiando la ley. Este riesgo implica tener que pagar dos o tres puntos más de tasa de interés en la deuda de largo plazo en dólares. La única forma de evitar este costo es dolarizando la economía.

Pasar a una canasta de monedas incrementaría este factor de incertidumbre, ya que implicaría un cambio de regla de juego. Esto sucedería aunque se tenga el cuidado de fijar la cotización de las monedas que componen la canasta de tal forma que no haya ninguna pérdida en el valor del peso. La pregunta que surgirá es: una vez cambiado el esquema, ¿qué garantiza que no se lo vuelva a modificar?

Por otro lado, la gente y los inversores de la Argentina miden todo en términos de dólares. Al introducir una convertibilidad respecto a una canasta de monedas, el valor del peso variaría respecto de la divisa estadounidense. Esto generaría incertidumbre cambiaria respecto de la unidad de cuenta en la que piensa la gente.

Dado que el crecimiento de la economía depende de la confianza, si aumentamos la percepción de riesgo cambiario disminuimos la perspectiva de crecimiento de la demanda del 90% de nuestra producción. Por lo tanto, una canasta de monedas puede tener beneficios para incrementar el otro 10%, pero nunca podría equiparar la caída del gasto interno que implicará el inevitable aumento del riesgo cambiario. De esta forma, se puede concluir que lo más conveniente para aumentar las posibilidades de desarrollo y de bienestar económico en la Argentina es mantener la Convertibilidad contra el dólar o, mejor aún, dolarizar. Por lo tanto, no debería extrañarnos que todos los países que implementaron una convertibilidad o cambiaron su moneda por la de otro país lo hicieron con la unidad de cuenta en la que pensaban sus habitantes (p. ej., los países del este de Europa, respecto del marco alemán y en América latina, respecto del dólar).

El autor es socio y director general de Exante

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