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Moneda Centroamericana, Moneda MERCOSUR, SUCRE

Discursos en pro de una moneda sudamericana

Pablo Ramos

Primero fue Chávez, y luego le siguió García. Propuesta de Correa para un banco sudamericano. Argentina y Brasil que eliminan el dólar en su comercio bilateral. ¿Hacia la unión monetaria o se trata de sólo anuncios?

A medida que se acerca la fecha en que todos los presidentes de Sudamérica se van a ver las caras en Río de Janeiro, el 18 y 19 próximos, se oyen más declaraciones a favor de mayor integración. Aunque no todos tiene en mente los mismos objetivos ni los mismos medios. Entre estos anuncios, se destaca la coincidencia de dos mandatarios ubicados en veredas distintas como el venezolano Hugo Chávez y el peruano Alan García a favor que nuestro subcontinente tenga una moneda común. En líneas similares se manifestó el ecuatoriano Rafael Correa, quien sugirió que los bancos centrales fusionen sus reservas internacionales en una entidad supranacional administrada por las naciones sudamericanas, mientras que Argentina y Brasil avanzan (en concreto) hacia la eliminación del dólar en su comercio bilateral.

El domingo pasado, Chávez había anunciado a su arribo a Ecuador –donde participó de la asunción del mandatario local- que la creación de una moneda latinoamericana es una medida estratégica necesaria para la “unión económica de los pueblos de América”. Y ayer, su colega García también se refirió a este tema, al explicar que “si nosotros (por Sudamérica) producimos entre todos más que China, somos débiles porque tenemos doce monedas distintas”, y que si se coordinan las políticas macroeconómicas y se llega a la moneda sudamericana, la región podría superar al gigante asiático.

A estas declaraciones se les puede agregar el llamado del ecuatoriano Correa a favor de que las reservas de los bancos centrales de los países de América del Sur, que están invertidas en los mercados financieros del Primer Mundo, sean depositadas y fusionadas en un futuro Banco del Sur, entidad interestatal dentro de un plan de integración financiera.

Siempre en esta línea, debemos recordar que los gobiernos de Brasilia y Buenos Aires trabajan hace seis meses en la eliminación del dólar como medio de pago en el comercio bilateral, medida que va a ponerse en práctica durante el corriente año. Asunción y Montevideo ya anunciaron su rechazo a esta iniciativa, por lo cual no va a ser una política inscripta dentro del Mercado Común del Sur (Mercosur) sino argentino-brasileña. Estas cuatro naciones integran, junto a Venezuela, el bloque comercial.

Pareciera que existe una coincidencia en marchar hacia la unión monetaria sudamericana. Las declaraciones fueron muy contundentes al respecto. E incluso, Chávez propuso el nombre tentativo de “Sucre” al futuro símbolo monetario. Pero el camino a recorrer, todavía, es largo.

En primer lugar, si los países quieren tener una única moneda sudamericana, se debe coordinar la política fiscal. Este ya es un foco de conflicto. Porque la cuestión fiscal tiene que ver con los ingresos y los gastos de los Estados. Ergo, está ligada a la política social, a quiénes se les cobra impuestos –y de qué tipos- y hacia quienes va dirigido el gasto público. ¿Se va a utilizar el criterio neoclásico, de eliminar el gasto en desarrollo humano y dejar librado a las fuerzas del mercado la solución de los históricos problemas de atraso y pobreza? ¿O se va a avanzar fuertemente hacia más eficientes estados de bienestar?

Y luego, en caso de que se superase esta etapa, se necesita un banco central para manejar la política monetaria común. ¿De qué tipo de institución se trataría? ¿Monetarista, keynesiana, estructuralista o de algún otro tipo? Si nos inclinamos por la postura “pacífica”, pareciera que la idea se aproxima al funcionamiento de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). La posición “atlántica” pareciera ser un poco más heterodoxa.

La Fed tiene un enfoque monetarista. ¿Qué dice esta escuela de pensamiento económico? Que todas las variables macroeconómicas (la inflación, el desempleo y la tasa de actividad económica) pueden ser manejadas controlando la cantidad de moneda. El instrumento usado es la tasa de interés. Cuando la economía se “recalienta” –inflación alta- los monetaristas elevan los tipos de interés; cuando la economía se enfría, la tasa baja. Su objetivo es controlar la inflación, aún a costa de elevar el desempleo y generar una recesión.

La postura keynesiana parte de los postulados del británico John Keynes, para quien lo importante es estimular la demanda agregada. Por lo tanto, la política monetaria no debe poner énfasis en la inflación sino en generar empleo y evitar las recesiones, ya que estos son sus enemigos. Una política económica keynesiana, por lo tanto, es más laxa en términos inflacionarios.

Como vemos, los enfoques son opuestos. Pero además, las actualidades monetarias sudamericanas son disímiles. Venezuela y Argentina tienen tasas de inflación altas (encima del diez por ciento anual), pero con tasa de crecimiento “chinas” (del nueve por ciento) ¿Sacrificarían Chávez y el argentino Néstor Kirchner esta expansión de la actividad económica para “enfriar” la economía a favor de precios más estables?

Por su parte, Brasil ha utilizado una política monetaria ortodoxa, que le ha provocado dominar a la inflación pero a costa de una muy baja tasa de crecimiento en los últimos años. En esa nación se multiplican los pedidos a favor de una mayor flexibilidad del banco emisor brasileño.

Además, el monetarismo lleva a una revaluación de la moneda. En un contexto donde la región necesita exportar y sustituir importaciones –esto último sin caer en el ultraproteccionismo prebendario- ¿cuál sería la estrategia de la autoridad monetaria? ¿Permitir que la moneda se fortalezca como hace el Banco Central Europeo (BCE) con el euro? ¿O impedir la revaluación del signo monetario, como hacen las autoridades monetarias en Beijing con el yuang?

Y no debemos olvidar que Ecuador tiene su economía dolarizada, y que el verde billete es la moneda de curso legal en esa nación. Como se observa, el contexto inicial es muy variado. Y el punto más conflictivo va a ser ponerse de acuerdo en el modelo monetario. El proceso de la Unión Europea (UE) llevó años de discusiones, con fines, objetivos y metas. Las naciones, por ejemplo, tenían que tener una deuda pública de hasta el 60 por ciento del Producto Bruto Interno. En distintas ocasiones, algunos países se salieron de este esquema –con las consiguientes penalizaciones- y de hecho, tanto Gran Bretaña como Suecia y Dinamarca no integran la Zona Euro.

Más allá de los discursos en pro de una moneda sudamericana, lo importante es el debate sobre la letra fina de cómo se va a alcanzar este objetivo por demás deseable. Una moneda única fortalecería al subcontinente, pero si no se alcanza en el contexto de una integración política y de objetivos estratégicos comunes, poco podrá hacer un nuevo tipo de papel moneda.

Fuente: Agencia Periodística del MERCOSUR (APM), Mar del Plata / Argentina

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