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Moneda MERCOSUR

¿POR QUÉ LA MONEDA ÚNICA DEL MERCOSUR NO PUEDE ESPERAR?

Por Leandro Popik
12 de septiembre de 2003

La conformación de un mercado común del Cono Sur, ampliable a Sudamérica, merece ser la principal política de Estado de nuestro país, por la magnitud de su impacto favorable sobre el desarrollo económico y social de la Argentina. Es comprensible que un conservador no apoye el mercado común regional, porque supone un cambio fenomenal, pero un liberal y un socialdemócrata deberían impulsarlo fervientemente.

Un liberal comprende claramente que la ampliación del tamaño del mercado genera eficiencias económicas para las partes que se abren al libre intercambio de bienes, servicios, flujos de capital, recursos humanos e información. Un socialdemócrata argentino entiende que el mercado común regional es un requisito inexorable para la integración política de Sudamérica, sin la cual seguiremos económicamente vulnerables y faltos de poder de negociación en el marco de la economía global.

Lamentablemente, hasta principios del 2002, pocos defendíamos la moneda común regional cuya importancia, argumentaré, es vital para la consolidación del mercado del Cono Sur. La asociación de la convertibilidad con la estabilidad de precios tornaba esta política prácticamente incuestionable. La defensa de la convertibilidad fue, de hecho, la principal política de Estado de la Argentina durante diez años, cuyos resultados en general dejaron mucho que desear en términos del nivel de empleo, pobreza, distribución del ingreso y endeudamiento externo. El nivel de crecimiento económico, incluso, fue la mitad del de Chile, que tuvo un tipo de cambio flotante.

Para comprender la importancia de una moneda común regional, es fundamental entender las finalidades que tiene una moneda en una economía de mercado. Los economistas suelen atribuirle a una moneda tres finalidades: 1) un medio de pago; 2) una unidad de cuenta; y 3) una reserva de valor. Una moneda, además de esas tres finalidades, también tiene otras dos: 4) un símbolo de la identidad de un pueblo; y 5) un instrumento para realizar una política económica.

Medio de Pago

Cualquiera que viaje internacionalmente sabe que lo primero que uno tiene que hacer cuando llega a otro país es obtener moneda local para hacer operaciones. Pero imaginemos que esto no fuera necesario dentro del Mercosur. Tener que cambiar de moneda para hacer una operación aumenta los costos de transacción, y por ende la existencia de monedas nacionales en el marco del Mercosur es un obstáculo a la formación de un mercado común regional. Un ejemplo bastará para mostrarlo. Si un porteño en camino a Córdoba quisiera pasar por una panadería en Santa Fe para desayunar, probablemente no lo haría si tuviera que pasar primero por una tasa de cambio. El hecho de que las provincias de la Argentina manejen el peso como moneda común facilita enormemente las operaciones de compra y venta.

Unidad de Cuenta

Imaginemos cómo sería no poder ponerle un precio a los bienes que se pretenda vender, y resumirlo en un solo número. Este ejemplo, que suena ridículo, es la situación en la que nos encontramos hoy a nivel regional. Hoy, si un argentino viera una propaganda en la televisión de un bien producido en Brasil, solamente podría decidir si adquirirlo o no, si el precio de ese bien estuviera en pesos, ya que la mayoría de la población no sabe automáticamente cuál es la tasa de cambio entre pesos y reales. Queda en evidencia que una moneda común mejoraría la información de la que disponen los habitantes del MERCOSUR para hacer operaciones entre ellos, lo cual estimularía la competencia a nivel regional.

Esto muchas veces hace que utilicemos el dólar estadounidense como unidad de cuenta al convertir pesos en reales. Cuando hacemos esto, es como si usáramos el inglés para hablarnos entre brasileños y argentinos. El resultado final es una pérdida de capacidad comunicativa por parte de ambos interlocutores al emplear el inglés. El inglés iguala las dos partes, pero hacia abajo. En definitiva, al convertir de pesos a dólares a reales, agregamos un paso más a la conversión, aumentando la dificultad del cálculo, y el margen de error.

Cuando se recurre al dólar para efectuar operaciones entre dos países miembro del Mercosur, se agrega un costo más a la transacción, ya que la compra y venta de divisas no sólo lleva tiempo, sino que implica una pérdida para el que necesita comprar y vender monedas.

Reserva de Valor

Los detractores de la moneda común argumentan que si el peso y el real son inestables, y por ende no sirven como reserva de valor, la moneda regional tampoco serviría. Este argumento es falaz, ya que una moneda común reduciría enormemente la volatilidad de nuestra moneda, por dos motivos.

Primero, el mayor tamaño de nuestro mercado nos permitiría encarar más exitosamente un shock externo. Si cayera el precio internacional del limón, el impacto para Tucumán es mucho más severo que para la Argentina. Lo mismo se aplica a nivel regional.  Por otra parte, gran parte de las corridas cambiarias se originan en decisiones exógenas que, de tener una mayor poder político negociador, se podrían evitar. Por ejemplo, supongamos que la corrida se debiera a que el FMI asumiera una posición dura en la negociación de la deuda externa de alguno de los países miembros de nuestra región, provocando desconfianza en los inversores golondrina. ¿No sería mayor el poder disuasivo de la región si actuara conjuntamente en relación a la actitud tomada por el FMI?  El MERCOSUR representa una amenaza mucho mayor que la Argentina para el Fondo Monetario Internacional (FMI), o para una potencia o empresa extranjera, por lo que nuestro poder de negociación sería mucho mayor.

Identidad de los Pueblos

Si no fuera cierto que una moneda cumple esta función, no se explicaría por qué prácticamente todas las monedas del mundo tienen las caras de los héroes de la Nación. El dólar estadounidense no diría “Confiamos en Dios” si la moneda fuera un símbolo irrelevante de identidad nacional.

Sin duda, gran parte de la razón por la que las encuestas demuestran un rechazo abrumador hacia la dolarización en Argentina, es porque los argentinos no nos sentimos identificados por los símbolos de la moneda estadounidense, incluyendo los héroes, el idioma, la frase y las firmas de las autoridades, que adornan esos billetes. Una cosa es que un argentino quiera dólares, y otra cosa muy distinta es que queramos que el dólar reemplace nuestra moneda.

Muy distinto sería aceptar una moneda regional, ya que como lo demuestra el Euro, mantiene la identidad de la moneda de cada país de la región, ya que de un lado del billete, se mantienen los símbolos del país donde se lo puso en circulación. Además, es muy distinto el nivel de identificación de un país europeo con Europa que con Estados Unidos, como lo sería también para nosotros. Del MERCOSUR, somos parte vital. De Estados Unidos, ni siquiera somos parte.

Política Monetaria

Una moneda común permite hacer política monetaria a nivel regional. La política monetaria tiene un impacto directo sobre varios pilares de una economía, tales como: la tasa de interés, la tasa de inflación y la tasa de cambio.

Adoptar una moneda como el dólar estadounidense u otra moneda cuya política monetaria sea fijada por autoridades, sobre las que los argentinos no tenemos poder, equivale a renunciar a la posibilidad de modificar estas variables que afectan decisivamente el nivel de empleo, de consumo y de ingresos de nuestra gente.

Por otra parte, la falta de una moneda común permite que cada país del MERCOSUR tenga su propia política monetaria, lo que torna en farsa al mercado común regional. Imaginemos cómo sería si cada provincia dentro de un país federal como la Argentina tuviera su propia moneda y su propia autoridad monetaria. Los precios de los bienes de Chubut en relación a los de Río Negro estarían oscilando al ritmo de las variaciones de la tasa de cambio entre las monedas de estas 2 provincias. Si los precios pueden ser alterados por la decisión de la autoridad monetaria de cada provincia, el efecto que tienen sobre el comercio entre las provincias es idéntico al efecto que tiene un arancel a la importación o exportación. En definitiva, por más que se eliminaran todo tipo de aranceles y barreras no arancelarias, los países del Mercosur, en la medida en que sigan teniendo su propia moneda, podrán proteger sus industrias de las de los otros países del bloque, perjudicando las empresas de sus países socios. Esto, más que cualquier otra variable, explica el aumento en las tensiones comerciales entre Brasil y Argentina en el período 1999-2002, que empezó con el abandono del Plan Real y concluyó con el abandono de la Convertibilidad.

Conclusión

Por todos estos motivos, el rol de una moneda común en la conformación de un mercado común regional es absolutamente central. Por eso, una moneda común no es algo de lo que debamos hablar en algunas décadas, sino algo que debemos forjar desde hoy, si queremos empezar ya mismo a resolver los problemas de pobreza que aquejan a millones de argentinos y los males del subdesarrollo que nos afectan a todos.

Pocos temas despiertan tanta controversia a lo largo de América Latina como el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Por un lado diversos economistas sostienen el amplio potencial en materia de comercio e inversiones que para los países de la región representaría un acuerdo de libre comercio con la primera economía del mundo. Por otro lado, grupos ambientalistas, sindicatos y demás ONG’s se oponen duramente contra el ALCA, sindicándolo como un proyecto de anexión hegemónica de los Estados Unidos

Leandro Popik. Master en Ciencia Política, especialización en Economía Política del Desarrollo en América Latina (Harvard University) Licenciado en Relaciones Internacionales (Universidad de San Andrés). Autor del libro “Hacia la Moneda Única del Mercosur”. Presidente fundador de FARO

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