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Moneda Centroamericana

Digresiones sobre moneda única

La propuesta (vieja por cierto) del presidente Manuel Zelaya Rosales sobre la moneda única para América Central, me parece llamativa y simpática; pero al mismo tiempo precipitada. Para que tal proyecto sea posible es bueno bajarse de las nubes y comenzar por la realización de varios estudios meticulosos tanto de la historia europea como también de la historia centroamericana, desde comienzos del periodo colonial español, pasando por las reformas borbónicas de mediados del siglo dieciocho y por el caótico siglo diecinueve (incluyendo el federalismo de José del Valle y Francisco Morazán) hasta llegar a nuestros días. Desde luego que existen voluminosos tratados de integración regional redactados con lenguajes alambicados desde posturas ideológicas excesivamente abstractas, propias para el “brindis” de hoteles lujosos. Aquí estamos hablando de historia económica, política y cultural concreta.

Para entender el tema de la moneda única que circula dentro del la “Unión Europea” y algunas áreas de influencia de este poderoso bloque económico, comenzaré por aconsejarle al presidente Zelaya, con toda la humildad del mundo, que se consiga un par de libros: “La era de las turbulencias” del banquero judío-estadounidense Alan Greenspan; y “El futuro del dinero” del economista belga Bernard Lietaer. Con el primero de los autores podríamos aprender que la creación de una moneda única regional y de un banco central europeo, fueron producto de un complejo, suspicaz y enorme recorrido de negociaciones históricas, culturales y económicas que arrancaron desde la premisa que para ellos ya existía el mercado común de la industria del carbón (o del acero) y un banco poderoso regional, es decir, el “Bundesbank” alemán. Al margen de mi prudente distanciamiento ideológico con el paisano de la “Tribu de Judá”, este libro de Alan Greenspan es algo que realmente vale la pena ser leído.

Con el texto de Bernard Lietaer (ex-presidente del “Banco Central Belga” y experto en diversos sistemas monetarios del mundo), comprenderíamos una profecía actual respecto del advenimiento de otras monedas locales o paralelas que habrán de surgir a fin de llenar los vacíos de descompensación que ya se detectan en el mercado financiero europeo; o sea dentro la moneda única del Viejo Mundo. Por cierto que el señor Lietaer fue uno de los arquitectos del “euro”. Pero él siente que hay demasiadas especulaciones (positivas y negativas) en los tres grandes continentes del planeta y que dada la enorme insensatez bursátil, es precisa la creación de sistemas de dinero complementarios. Una tercera lectura que con todo respeto podríamos volver a sugerir (por enésima vez), es la de los “Tiempos inciertos” del banquero y economista mundial George Soros. Personalmente me comprometo a sentarme a leer con mi pariente político “Melitín” Zelaya Rosales (así le decían en la escuela primaria) y con mi entrañable “Pepito” Lobo Sosa; pero también con los “macroeconomistas” de todos los partidos políticos de Honduras, en tanto que a algunos de estos últimos se les ha metido en la cabeza que sólo ellos saben de economía nacional e internacional. Quizás han perdido de vista que existen otras personas con recias formaciones histórico-económicas, tanto académicas como autodidácticas, con lenguajes un tanto diferenciados de los suyos.

Hablando de Europa (y de América Central) es sorprendente que cada vez que se subrayan los logros o los desfases de algunos países se pierde de vista, con enorme facilidad, la acumulación de hechos históricos concretos (positivos y negativos) de varios siglos y milenios. En el caso del famoso “milagro irlandés” solemos subrayar que hace poco tiempo era un país católico muy pobre y que ahora posee uno de los más altos niveles de vida en el planeta. ¡Enhorabuena! Pero olvidamos que Irlanda tiene en su haber histórico, político y cultural unos mil quinientos años de estar luchando por consolidar una civilización más o menos autonómica. Y que fueron los monjes católicos irlandeses los que se entregaron a salvaguardar, en misiones civilizadoras, lo que quedaba de todo el saber judeocristiano y grecorromano justamente entre los siglos quinto y séptimo de la era cristiana, en el momento escatológico de los “bárbaros”.

Me duele tener que coincidir un poco con el lenguaje de los macroeconomistas pero es nuestra obligación preguntarle al presidente Zelaya Rosales dónde se localiza el Banco Central (muy fuerte) que debe respaldar con cuantiosas reservas internacionales la creación de la moneda única centroamericana. Se presume que para que circule una tal moneda se requiere que el déficit y la inflación, en cada uno de los países miembros, anden por debajo de los tres puntos. ¿O acaso podemos hablar de una auténtica integración económica con algunos países muriéndose de hambre cotidiana? Aunque parezca una digresión conceptual, se trata de una pregunta harto superlativa.

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