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Economía de América Latina

Julio Sevares: Y la crisis financiera global

Rafael Sagarnaga

Uno de los más conocidos economistas argentinos visitó La Paz hace unos días. Vino invitado como panelista al Seminario sobre la crisis económica mundial organizado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA). Conversó luego con ¡OH! detallando las complejidades del sacudón financiero global. De principio, explicó las razones de la acentuada polémica sobre el uso de las reservas internacionales que afectan a países como Bolivia.

¡OH!: En los debates sobre la crisis financiera global, uno de los factores más polémicos son las reservas internacionales.

¿Cómo cree Ud. que éstas deben ser usadas frente a los riesgos de este crítico contexto económico?

Es una pregunta complicada. El uso de las reservas depende de la política monetaria, cambiaria y de las tasas de interés que se tienen. Si uno ejerce una política que admita el ingreso de capitales de corto plazo, permita la valorización de la moneda, mantenga una tasa de interés elevada (que es lo que hace ingresar a los capitales de corto plazo), se supone que ese modelo está sujeto a ciclos de ingreso y salida de capitales. Por lo tanto, la acumulación de reservas que se produce en la fase de ascenso de capitales está destinada a compensar la fase de descenso de capitales.

Entonces, el Banco Central, buscando evitar la devaluación, trata de utilizar las reservas para abastecer parte de la demanda de dólares que se producen.

¡OH!: Pero ahora ese movimiento se ha radicalizado en extremo.

Por eso, de repente en algo más de una semana, México utilizó un 10 por ciento de sus reservas en tratar de contener la demanda de dólares para frenar una caída más profunda del mexicano que ya se devaluó como un 40 por ciento en las últimas semanas. Esta medida empezó a ser muy criticada en ese país. Algunos decían: “¿Cómo usar las reservas para dárselas a los que demandan dólares?”. Sin embargo, Guillermo Ortiz, el Presidente del Banco Central de México, les respondió: “Para eso están las reservas”. Y tenía razón. No era una respuesta cínica, era parte del modelo. Las reservas en estos modelos están para responder a las variables cambiarias y monetarias. Y la política económica va por otro lado.

El Banco Central procede así para sostener una política monetaria que en los casos de México y Brasil se llama política monetaria de objetivos de inflación.

¡OH!: ¿Y los otros modelos menos ortodoxos?

En esos modelos, como puede haber en Venezuela y, en alguna medida, en Argentina, las políticas cambiarias no están tan subordinadas a estos objetivos antiinflación, sino a objetivos más productivos. En ese sentido las reservas se pueden utilizar para eso. Pero, decía, la pregunta es complicada porque cada caso es diferente. Por ejemplo la Argentina, tiene una política que trata de mantener un tipo de cambio alto para proteger a la industria y favorecer sus exportaciones. Ello porque las industrias con tipo de cambio de dólar más barato no podrían exportar. Sin embargo, esa medida le genera más inflación; el modelo argentino es más inflacionario que los otros.

¡OH!: ¿Y qué opina de darle otros usos a las reservas?

A eso voy, hay otro problema. Es el del imaginario que circula incluso en ámbitos económicos. Se dice: “Yo tengo un montón de reservas, las tengo que aprovechar para el desarrollo”. Eso teóricamente está muy bien, pero ojo, esos países tienen muchos problemas. Problemas de deuda interna, problemas de deuda externa, de falta de confiabilidad en el exterior por su historia de inestabilidad política. Por ello estos países necesitan mostrar ante el mundo un nivel de reservas elevado para evitar que los problemas que pueden generarle los mercados financieros. Imagínate si Brasil, Argentina o México no hubiesen tenido en esta crisis la posibilidad de presentar ante el mundo una cantidad importante de reservas, la huida de capitales y la devaluación de la moneda hubieran tenido consecuencias catastróficas. Nuevamente se habrían producido inflaciones, luego problemas sociales, y luego lo que ya conocemos.

Por la organización y la sostenibilidad del sistema monetario- cambiario, las reservas deben tener cierto grado de intangibilidad y estar destinadas al uso que específicamente tienen: el sostenimiento de la moneda. Debe evitar las corridas devaluatorias, como pasó en Argentina muchas veces, y eso debilita al sistema financiero.

¡OH!: El trágico “corralito”.

Claro, en esa época, 2000 – 2001, la Argentina no tenía reservas. Cargaba con una enorme deuda externa, pero no tenía reservas. Tenía déficit comercial, déficit de cuenta corriente, déficit fiscal, una situación de una vulnerabilidad exterior, carecía de crédito externo. Bueno, eso generó la crisis. Por eso las reservas juegan un papel importante. Hay que tener claro, y esto no suena simpático a los oídos de la gente socialmente sensible, que hay reglas de funcionamiento del sistema. Esas reglas no permiten hacer un uso discrecional ni en uno ni en otro sentido. Los industriales quieren subir el cambio del dólar de 3,30 a cuatro pesos. Bien, pero eso generaría demanda de salarios. Otros priorizan la baja inflación. Es muy bueno, pero genero un crecimiento muy bajo, perjudica las exportaciones. Entonces, hay que manejar las variables con cuidado. Por todo eso la política económica es, en alguna medida, un arte. Es el arte del arbitraje en función de los objetivos.

¡OH!: ¿Por ejemplo qué objetivos?

Son los objetivos que cada uno se pone en función de sus intereses económicos y mi ideología. Si mis intereses económicos son los del sistema financiero, yo voy a preferir una política a la brasileña que me da altos intereses. Si mis intereses son más productivos, mi política tendrá otra naturaleza.

¡OH!: ¿El hecho de que la confiabilidad del sistema financiero internacional esté en entredicho no implica riesgos? Bolivia, por ejemplo, tiene casi 8.000 millones de dólares en más de 20 entidades bancarias del exterior. Tiene cerca de 1.000 millones en bonos del Tesoro estadounidense. Varias de las 20 entidades, a su vez, han puesto sus fondos también en EEUU. Ahora se habla de que EEUU podría incluso entrar en una cesación de pagos. ¿No será mejor mover ese capital hacia fines más seguros?

El tema es sencillo, pero la respuesta no existe. Cuando hablamos de las reservas soberanas, es como preguntarnos: “Tengo unos pesos, ¿en qué los invierto? ¿En bonos del Tesoro de EEUU que está en peligro de cesación de pagos? ¿En euros, que es una moneda que se está devaluando y hasta podría desaparecer si la crisis se agudiza? ¿En acciones que están baratas, pero conllevan mucho riesgo? ¿En sólo dólares y los guardo en casa porque se están revalorizando, pero después tal vez no? ¿En oro? ¿Cuál va a ser el precio del oro dentro de un año, sabiendo que ha estado en subidas y bajadas sorpresivas? En ese marco resulta muy difícil responder esa pregunta.

Estamos en una crisis tan grande que incluye a todos los segmentos del sistema. La única salida sería poner ese dinero en Marte, si en Marte hubiera un sistema financiero con tasas de interés razonables. Es decir tasas que estuvieran al nivel de la inflación. Por ello no hay respuesta concreta. Por ahora, la respuesta que se da en este momento es poner el dinero en las grandes inversiones, cuando tienen que ser más seguras y en bonos del Tesoro de EEUU. Estos son de bajo rendimiento, pero teóricamente, hasta ahora, son los más solventes. Las otras opciones son tanto o más inseguras.

¡OH!: ¿Y las ideas de invertir esos fondos en carreteras, hidrocarburos, infraestructura y planes sociales?

Claro y cuando uno hace la cuenta no alcanza ni para la mitad de todo lo que se propone. Pero además, lo que hemos aprendido en este tiempo es que las reservas hay que tenerlas para sostener la moneda porque si no nos quedamos sin moneda. Si no queremos tener reservas, tendremos que dolarizar la economía. Y si alguien quiere saber qué pasa en ese caso, que le vaya a preguntar a la Argentina a Ecuador o a Panamá, que tiene inflación en dólares.

¡OH!: ¿Entonces las reservas deben nomás aferrarse al sistema?

En ciclos alcistas hay que hacer fondos de reserva para aprovechar los precios elevados de los productos de exportación y guardarlos para cuando caigan. Seguro si algún país hace eso, enseguida van a salir voces diciendo: “Tenemos esos 50 mil millones de dólares inmovilizados en el Fondo de Reserva e invertidos en bonos del Tesoro de EEUU. Estamos financiando al imperialismo yanqui”. Entonces uno tiene que responder: “Sí, estamos financiando al imperialismo yanqui porque es la forma más segura de frenar la inflación”. Porque si financiamos con esos fondos con esa plata a la seguridad social o al Estado con sus dificultades, esos fondos no existen y cuando los necesitemos no van a estar.

¡OH!: ¿Pero si en esta particular crisis nos falla el imperialismo y la plata ya no está allá tampoco? ¿No será mejor entrar al juego de compra de acciones y valores seguros, en base a una hábil política de inversiones?

Jugar a comprar acciones baratas hoy para que se coticen mejor mañana depende de la hipótesis de crisis que cada uno tenga hoy. ¿En qué tipo de crisis estamos? ¿Al estilo de la de los 80, cuando la bolsa de Nueva York repuntó en dos años? ¿Al estilo de la japonesa de los 90, que acabó el 2001, pero el Nikkei está aún en cotización inferior a la de los 90? Allí los que compraron acciones en los 90 no las han recuperado aún hoy. Así, apostar a las acciones es una riesgosa aventura.

¡OH!: ¿Entonces no hay salidas?

Si a mí se me inunda mi casa, mi barrio, me puedo ir al barrio de al lado. Si se inunda el país, me tendré que ir del país. Pero cuando el mundo se inunda, nadie puede irse a ningún lado. Entonces hay una gigantesca devaluación del capital ficticio internacional. Allí todo el mundo tendrá que empezar a jugar en términos relativos. Hay, entonces, que pensar en esos términos de revalorización en base al nuevo escenario.

¡OH!: ¿Y eso de que la crisis también es una oportunidad y se la puede aprovechar?

Esa teoría, en estos momentos es como cuando te tiran de una ventana para abajo y tú dices: “Ahora que estoy cayendo aprovecharé para tomar un poco de aire, quiero sentir la bella sensación de casi volar y la caída libre…”. En realidad en una crisis hay que desarrollar las políticas que minimicen el daño. Ahora las políticas que minimizan el daño son las que hacen un uso lo más prudente de las reservas que hay, pactos sociales contra la inflación, trabajar las certidumbres para evitar corridas bancarias. Hay que hacer acuerdos sociales para que cuando haya pérdidas de trabajo no surjan niveles de conflicto que rayen en lo intolerable.

A ello también se añade la perspectiva de hacer acuerdos regionales. Sin embargo la crisis ha precipitado la política del sálvese quien pueda en Sudamérica. Si cuando estábamos en la época de auge era difícil hacer el Banco del Sur con dos pesos, o un gasoducto, entonces ahora las cosas serán mucho más complicadas.

¡OH!: En ese marco hay ¿alguna línea de trabajo potable?

Entra la teoría de los juegos y la metáfora de los dos prisioneros separados en celdas distintas. Allí, como sabemos, la mejor solución es que ninguno se incrimine por mucho que le ofrezcan tentadoras reducciones de condenas. Si los países hoy comprenden que el juego cooperativo es mejor que la competencia, todos van a salir beneficiados. Si la Unasur procede así, entonces puede ser que se vaya mejor, pero hasta ahora no se ha avanzado en ese sentido. Hay un gran incentivo al juego individual.

¡OH!: ¿Por qué?

Es un problema estructural. Hay sectores nacionales que tienen intereses nacionales en función a su vinculación con el mercado externo y no con el mercado regional. Las economías están muy transnacionalizadas, están muy regidas por los intereses de las corporaciones multinacionales. Elementos como el desarrollo de tecnologías son muy difíciles de avanzar regionalmente. Basta ver cómo en la relación con China no se pudo negociar en bloque por culpa de Brasil.

Por eso hoy resta básicamente apostar a estrategias defensivas y, cuando el ciclo pase, aprender de los errores del pasado para no repetirlos.

Julio Sevares

Economista y periodista. Investigador del Centro de Estudios sobre la Estructura Económica (CENES) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Profesor de la Maestría de Historia Económica de la misma facultad, en la materia Historia de las Relaciones Económicas y Políticas Internacionales (Profesor Titular Dr. Mario Rapoport). Editorialista del diario Clarín (Argentina) y colaborador de Le Monde Diplomatique (Francia).

Es autor de los libros Porque cayó la Argentina, El capitalismo criminal. Las redes del delito global, Historia de la Deuda, entre varios otros.

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