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Gabriela Calderón

Ecuador: Dolarización, ¿nos hace más vulnerables?

Gabriela Calderón, El Universo

Washington, DC— Cuando una crisis financiera se torna global, ¿qué preferiría: vivir en un país dolarizado o en uno con moneda nacional? La sabiduría convencional nos dice que debemos preferir lo segundo. No obstante, analizando las recientes crisis que han afectado a países en desarrollo, se puede deducir que las economías dolarizadas suelen resolver las crisis de manera rápida—y menos costosa—que aquellas con moneda local.

El gobierno podría utilizar la actual crisis como la perfecta excusa para desdolarizar. De esta manera podríamos volver a lo más desagradable de nuestro reciente pasado, solamente que esta vez sería peor: el Banco Central del Ecuador (BCE) sería una más de las tantas instituciones en el bolsillo del ejecutivo y manejado de acuerdo a los vaivenes de las encuestas electorales.

Manuel Hinds, ex Ministro de Finanzas de El Salvador, explica en su libro Jugando al monopolio con el diablo (Yale, 2006) que la idea de que las monedas nacionales son necesarias en momentos de crisis es popular por tres razones:

(1) La devaluación se ha vuelto inevitable en todas las crisis financieras de los países en desarrollo: Hinds explica que “Por su mera existencia, estas monedas crean la posibilidad de devaluación, generando miedos que luego afectan el comportamiento económico. Estas eventualmente derivan en los pánicos monetarios que luego provocan las corridas bancarias y complican severamente la situación”.

(2) Sin una moneda nacional, el banco central no puede imprimir el dinero que es necesario para satisfacer la liquidez demandada durante la corrida bancaria: pero Hinds dice que “Si esto fuera cierto…los ministros de finanzas y los gobernadores de los bancos centrales no correrían a Washington y a Nueva York para conseguir dólares cada vez que tienen una crisis financiera”. Además demuestra que la emisión de moneda local en países en desarrollo durante las últimas crisis de la República Dominicana, Indonesia, Tailandia, Chile, México y Ecuador condujo a que sus respectivos ciudadanos rechacen la moneda local y corran a refugiarse en el dólar (o el euro).

(3) Finalmente, el tercer argumento sostiene que la capacidad de devaluar es la capacidad de estimular la economía y facilitar la recuperación. Si esto fuera cierto, Ecuador y países como Zimbabwe serían ejemplares en cuanto a crecimiento económico. Hinds asevera que las devaluaciones aumentan la carga de la deuda externa, así que aún si se recupera la economía, tiene que asignar más recursos para pagar la deuda. Esto sucedió en Brasil en 1999 cuando el real se devaluó en un 48% la deuda externa pasó de representar 4% a 6% del PIB.

En Ecuador, la solución a nuestra última crisis fue la dolarización de enero de 2000. Hinds indica que los ecuatorianos, aún sabiendo que todos los bancos no solamente eran ilíquidos sino que también estaban en la bancarrota, volvieron a depositar sus fondos en los bancos porque confiaron que una vez que el principal problema fuese resuelto—asegurar sus ahorros de las devaluaciones del BCE—las promesas del gobierno de recapitalizar los bancos se convertirían en una realidad.

Si el gobierno decide desdolarizar como medida para “blindarnos” de la crisis, estaría añadiéndole leña al fuego: agregándole una crisis monetaria a una crisis financiera. Pero un gobierno liderado por un economista que varias veces nos ha dicho que no va a desdolarizar no lo haría, ¿verdad?

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