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Alejandro Moreano

¿Un país minero?

Alejandro Moreano, El Telegrafo…

En 1671, el Príncipe de Conde dio una fiesta en su castillo, Chantilly, para la corte de Versalles, 2000 personas, que duró tres días. El organizador de la descomunal francachela fue el Gran Vatel, el mayor cocinero de la época. Detrás de los manjares, las materias primas de Oriente y de las colonias americanas

En los siglos XVII y XVIII se dieron los prolegómenos de la división internacional del trabajo, que además ha sido una división de sufrimientos y  placeres: aquí las plantaciones esclavistas del azúcar, el tabaco, el cacao; allá la prodigiosa repostería de Vatel, los puros, el rapé, la pipa, los finos chocolates. La historia del capitalismo ha sido la persistencia de esa división de tormentos y goces. Desde que Inglaterra impuso a Egipto y la India los cultivos de algodón y destruyó los tejidos y la economía hindú y la agricultura del delta de Nilo que alimentara a millones de personas durante milenios, aquí la sangre, allá el poder; aquí el trabajo inmisericorde, allá el disfrute; aquí la destrucción de la tradición agraria, allá la poderosa industria de bienes de capital, aquí y allá la devastación ecológica…

La contrapartida era la importación de manufacturas inglesas. El cónsul inglés en el Plata, Woodbine Parish decía: “Tómense todas las piezas de su ropa, examínese todo lo que lo rodea y exceptuando lo que sea de cuero, ¿qué cosa habrá que no sea inglesa?”. Las manufacturas y la agricultura de nuestros países se hicieron pedazos.

“La riqueza de las empresas mineras no se acumularía en nuestro país sino en el mundo…”

El problema de las venas abiertas no es solo la pérdida de sangre sino la ruptura de la unidad interna del organismo que queda al arbitrio de los feroces huracanes del mercado mundial que un día hunden a los caucheros de Manaos y otro a los bananeros del Ecuador…

Salvo Noruega que ya era una economía desarrollada, no hay ningún país exportador de materias primas que haya salido de la pobreza. ¿Ghana, Zambia, Perú y otros exportadores de cobre? ¿La Bolivia del estaño? ¿Los petroleros que han enriquecido a jeques que traían la cena de París, con cocottes incluidas, mientras el mundo árabe se hundía en la miseria? ¿Sierra Leona, el Congo cuyos minerales le produjeron ocho millones de muertos?

El proyecto de minería, además, se abre a las trasnacionales. Cuando el Gobierno de la Unidad Popular, en aplicación de la doctrina Allende, avaluó las ganancias de la Anaconda, se comprobó que se había llevado cuatro Chiles.

La “enfermedad holandesa” es otro gran peligro. El Ecuador la está viviendo con un déficit de más de 6 mil millones en la balanza comercial. La riqueza de las empresas mineras no se acumularía en nuestro país sino en el mundo desarrollado y nosotros terminaríamos importando hasta el aire.

La crisis del ’29, del siglo XX, estimuló la industrialización de los países del Cono Sur. La crisis actual podría propiciar un gran desarrollo agroindustrial del Ecuador en el seno de la integración suramericana ¿Por qué entonces insistir en profundizar la inserción del Ecuador en la vieja división internacional del trabajo y redoblar su triste función de exportador de materias primas que al ser convertidas en eje de la economía liquidarían, además, la integración latinoamericana?

¿Por qué insistir en ese camino, Sr. Presidente?

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