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Economía Ecuatoriana

Nos falta inteligencia

Fue Daniel Goleman, en la década de los 80, el primero en cuestionar la definición de “inteligencia”. Antes de sus escritos, nos referíamos a personas con gran capacidad de memoria o razonamiento numérico como personas inteligentes. Sin embargo, después de Goleman, este concepto ha cambiado. Recordarán ustedes al mejor alumno de su promoción, quien en algunos casos tenía dificultad para hacer amigos; o al “amiguero”, que sacaba malas calificaciones y era considerado como el indisciplinado y peor alumno de la escuela. O quizás recordarán al “profundo” que sin ser un alumno brillante, tampoco malo, tenía la capacidad de manejar su comportamiento y expresiones de una manera que parecía estar hablando con una persona adulta. Todos estos casos son ejemplos de personas que poseen, en mayor grado, una de las tres inteligencias de las cuales Goleman habla en sus libros: la inteligencia analítica (razonamiento numérico y capacidad de memoria), la inteligencia interpersonal (capacidad de relacionarse con las personas y generar empatía) y la inteligencia intrapersonal (capacidad de autocontrol y autoconocimiento). La unión de las dos últimas inteligencias, interpersonal e intrapersonal, forma la inteligencia emocional.

¿Es el Ecuador inteligente? ¿Es inteligente emocionalmente?

Nuestros índices económicos, calificaciones financieras y niveles de competitividad nos ponen en los últimos lugares de nuestros compañeros de clase; el resto de países de Latinoamérica. Tal parece que solo hemos decidido llevarnos con los que piensan igual a nosotros: Venezuela, Bolivia, Argentina, Cuba, y no olvidemos al compañero de intercambio, el más popular de la clase: Irán.

Este comportamiento demuestra una falta de capacidad de relacionarnos con otros diferentes a nosotros por sus personalidades, formas de pensar y hasta apariencias físicas. No hacemos amigos con facilidad, es más, los insultamos si piensan diferente a nosotros. Por si esto fuera poco, no solo somos uno de los más chiquitos de la clase (por el tamaño de nuestra economía), sino que además peleamos en “jorga” y nos hemos ganado la fama de busca pleitos.

Finalmente, y no menos importante, tenemos un absoluto desconocimiento de nuestro interior, no nos queremos desde adentro, nuestra diversidad nos genera conflictos, pero, eso sí, si alguien decide hablar de nosotros, así sea tratando de darnos un consejo, lo atacamos tratando de hacerle callar, y si se acerca mucho no nos falta ganas de sacarlo a golpes para que nos deje tranquilos en nuestra revolución interna.

Si Daniel Goleman hubiera estudiado al Ecuador como una persona, de seguro lo habría mandado a un curso intensivo de desarrollo de habilidades, caso contrario, el futuro de este pobre joven está condenado al fracaso.

fmoncayo@hoy.com.ec

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