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Pablo Dávalos

Peligro de desdolarización de economía

Por Pablo Dávalos

Durante la última década, el Ecuador fue consolidando de manera importante su modelo de apertura hacia el mercado mundial; esto puede constatarse cuando se compara el volumen del comercio internacional (exportaciones más importaciones) con respecto a la renta nacional. Para el presente año, esa relación se situaba en alrededor del 60%. Hace algo más de una década, el grado de apertura era de un 40%. Esto significa que la estructura productiva nacional, de una manera u otra, se relaciona más con el sector externo de la economía que con la producción interna.

Este es un proceso que nació con las políticas del FMI y que se fue robusteciendo con la dolarización de la economía.

La decisión de dolarizar oficialmente al país, implicaba que la cantidad de moneda que debía respaldar todas las transacciones financieras, productivas y comerciales, dependía directamente del comercio exterior. La cantidad de moneda con la que se realizan las transacciones cotidianas se denomina “oferta monetaria” y en el caso del Ecuador, esta no depende en absoluto del Banco Central, por eso se dice que el país no tiene política monetaria.

De otra parte, el comercio exterior de una nación se mide por el registro de sus transacciones con el resto del mundo, denominado “balanza de pagos”. En la dolarización, la cantidad de moneda que circula en la economía depende, entonces, de la balanza de pagos.

Durante la presente década, la balanza de pagos tuvo dos importantes fuentes de financiamiento que tuvieron un carácter permanente y creciente. La primera eran las exportaciones, y la segunda las remesas de migrantes. Otros componentes de la balanza de pagos, como las inversiones extranjeras y los créditos internacionales, tuvieron una importancia más bien marginal comparada con las remesas y las exportaciones. Aquel discurso que hacía de la inversión extranjera un componente importante para la estructura productiva nacional, y a partir de ello propugnaba una serie de medidas que protejan a la inversión extranjera, era más un discurso que una realidad.

Las remesas crecieron de 800 millones de dólares a inicios de la presente década, a más de tres mil millones en el año pasado. El mismo comportamiento puede observarse con las exportaciones: las exportaciones de petróleo incrementaron su precio de manera importante, de $ 15 el precio del barril de petróleo a inicios de la década, a un techo de $ 140 en el presente año. Las exportaciones de otros bienes primarios y agrícolas, también experimentaron una recuperación en sus precios y en sus volúmenes. Este crecimiento, tanto de las remesas cuanto de los volúmenes como de los precios de las exportaciones ecuatorianas, eran la consecuencia del crecimiento del mercado mundial.

Este constante flujo de dinero sustentó las transacciones que realizaba la economía ecuatoriana. El conjunto de esas transacciones internas se denomina “demanda monetaria” y se estructura, básicamente, en dos grandes componentes, de una parte todas las transacciones que se realizan en la esfera del comercio, la producción y la distribución; y, de otra, aquellas que se realizan en el sector bancario y financiero.

Ahora bien, al no existir un mecanismo de regulación entre la cantidad de dinero que entra a la economía, producto de las remesas y de las exportaciones, y las necesidades de dinero para la producción, el comercio, la distribución y las transacciones que se realizan con la moneda, el único mecanismo que se encontró para equilibrar los flujos de entrada con los flujos de salida fueron las importaciones, sobre todo aquella de bienes de consumo, y la fuga de capitales.

Las importaciones de bienes de consumo, desde textiles hasta alimentos, pasando por autos y otros bienes suntuarios, producían al interior de la economía un proceso de pérdidas de empleos en el sector industrial y agropecuario, y un incremento de empleos en el sector del comercio y la distribución. El país llegó al extremo de importar incluso los bienes de la canasta de alimentación. El incremento de las importaciones generó un enorme agujero en la balanza de pagos, conocido como “déficit comercial”.

Este agujero fue cubierto, momentáneamente, por los precios del petróleo y de las remesas.

De su parte, y habida cuenta de que el país no tiene un prestamista de última instancia, el sector bancario y financiero decidió crear un mecanismo de compensación propio con depósitos en el exterior y, por esa vía, restringió la oferta de crédito. Esta restricción artificial de la oferta de crédito se expresó en altas tasas de interés y en la preferencia de los bancos por generar créditos al consumo y al comercio. La dolarización sacrificó, por tanto, al sector productivo nacional.

En todo este proceso, la política fiscal se redujo, durante los primeros años de la presente década, a ser un observador pasivo y se concentró, en lo fundamental, en la austeridad y responsabilidad fiscal. En los últimos dos años, empero, la política fiscal se volvió más agresiva, esto es, el Estado decidió gastar más sin tener una hoja de ruta de largo plazo, sino una necesidad política de utilizar el gasto fiscal dentro del ciclo electoral.

Sin embargo, al depender de una manera tan importante del sector externo, cualquier evento que altere el mercado mundial, tendrá consecuencias importantes en la balanza de pagos y a partir de allí en la economía en su conjunto. Esos eventos, impredecibles e inesperados acaban de ocurrir con la declaración formal de que la economía norteamericana está en recesión, y con la crisis bancaria y financiera que ha afectado de manera importante a los países más desarrollados.

Estos fenómenos empiezan a expresarse en la caída del precio del petróleo, en la disminución en volumen y del precio de las exportaciones, y en la reducción de los envíos de remesas de migrantes.

En un contexto en el que el esquema monetario depende directamente de la balanza de pagos y, esta a su vez, está en relación directa con las exportaciones y con las remesas, es lógico pensar que la crisis internacional afectará también, por la vía de la balanza de pagos, al esquema monetario sustentado en la dolarización de la economía.

En otras palabras, la crisis afectará de manera directa a la oferta monetaria, y por esta vía a la demanda monetaria. Al afectarse la demanda monetaria, se afectan el sector productivo, el sector comercial y el sector bancario-financiero. Al afectarse estos sectores, se afecta toda la economía y toda la población. Puede pensarse que las reservas en divisas tanto públicas como privadas podrían compensar ese desequilibrio entre oferta y demanda monetaria, pero a condición de que la crisis mundial se resuelva lo más pronto posible y, por tanto, se recupere la balanza de pagos en el corto plazo.

Un escenario de esas características, de la información que existe, es improbable.

Además, está el hecho de que por parte del Gobierno no existe ningún programa económico ni de corto ni de mediano plazo, que no sea el gasto fiscal utilizado como recurso de legitimación electoral.

Si los neoliberales de los noventa sacrificaron la política para salvar a la economía, el populismo de PAIS está sacrificando a la economía para salvar a la política.

En efecto, la irresponsabilidad gubernamental al crear una serie de medidas económicas que tienen un efecto más mediático que real, dan cuenta de que Ecuador ha entrado en la desdolarización de su economía de la misma manera en la que entró: sin preparación de ningún tipo, sin haber resuelto los problemas estructurales del empleo y la distribución del ingreso, sin un horizonte de largo plazo, y con opiniones divergentes.

Empero, el panorama es aún más desconsolador porque la desdolarización de la economía se produce en un momento de vacíos institucionales, desgaste social, confrontación política y corrupción gubernamental.

15 dólares
Fue el precio del barril de petróleo que se exporta registrado a inicios de esta década.

140 dólares
Es el techo al que ha llegado el precio del barril de crudo en el presente año, dentro del gobierno de Rafael Correa.

Efectos en país
cualquier evento que altere el mercado mundial, afectará la balanza de pagos

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