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Editorialistas de Ecuador

La deuda gordiana

Por Melania Mora

…es el nombre de la obra escrita por Eloy Alfaro en la cual mostraba ante el continente la forma en que los miembros de la “argolla”, como se denominó al grupo terrateniente-oligárquico que gobernó al Ecuador desde 1830, había manejado la deuda inglesa que nuestro país heredó como porcentaje de la acreencia contraída para alcanzar la independencia de la Gran Colombia.

Alfaro proponía cortarla de tajo, única forma de deshacer un nudo gordiano.

Por su parte, en su obra “La deuda eterna”, Alberto Acosta nos da un pormenorizado relato de las circunstancias y cifras de la deuda con la que asomamos como república, iniciando con malos augurios pues el naciente Estado no envió delegación, por lo que se nos adjudicó en ausencia una pesada carga que duró todo el siglo XIX. Las negociaciones y renegociaciones, cada una más turbia, fueron a veces acompañadas de aspiraciones de repartir nuestro territorio como forma de pago y llevadas a cabo por personajes que casi parecían escaparse de las páginas de la picaresca española, si no fuera por el mal que causaron. Desde el inicio hubo un segmento de la clase dirigente listo a ayudar al acreedor de turno, a fin de recibir los favores de éste. Fue una desgraciada herencia que se ha conservado hasta el presente.

“Desde el inicio hubo un segmento de la clase dirigente listo a ayudar al acreedor de turno”

Años más tarde, fuimos convocados por Ricardo Patiño a una reunión en la que estuvieron presentes el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y un destacado grupo de personas con las cuales con honor constituimos “Jubileo 2000”, nacido para crear conciencia de la injusticia que suponía la deuda externa sobre nuestros pueblos, a los cuales se obligaba a sacrificar su presente y porvenir para cumplir con el compromiso de una deuda, aunque se desconociera en qué condiciones se contrajo, qué destino tuvo y cuánto de aquello todavía constaba como un débito. “Jubileo” cumplió espléndidamente su papel; fueron incontables los foros, conferencias, publicaciones, a través de los cuales se socializó el problema y comenzó a hacerse un estudio de los montos recibidos, los plazos de pago, las tasas de interés y el empleo de los préstamos. Su acción alcanzó niveles internacionales y se puso énfasis en convencer a los acreedores de la terrible carga que los pagos suponían para nuestros países.

Cuando en la década del ‘70, Cuba hizo una convocatoria para analizar el problema de la deuda y la necesidad de encararlo en forma conjunta, hubo muy poca respuesta de parte de nuestros gobernantes, pero a inicios del siglo XXI  los perjuicios resultaron demasiado evidentes. En el Gobierno ecuatoriano anterior se designó una Comisión que estableció los montos de endeudamiento a partir del “boom” petrolero, pero es en el actual, cuando por vez primera en la Región, se designa una comisión auditora que en su informe público desnuda los errores y atracos que consumieron lo que debió servir para desarrollar el país.

Una vez más se pone en evidencia la desventaja de actuar unilateralmente, cuando por ello se vuelve casi imposible cortar de un tajo ese nudo que nos ata al subdesarrollo y la dependencia.

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